jueves 28 de agosto de 2008

Ella


yacía
en su silla
de arcilla
y decía
o hacía
poesía
sencilla.

Luego,
en la orilla
vacía
se asía
y esperaba en la silla
la astilla
de cerilla.

¿Qué hacía
en su corazón de maravilla
la poesía
que sentía
y sucedía?

Pues sentía
estupor
y clamor
del desamor
y hedor
de su pudor,
vergüenza de su calor
y rubor
del sudor,
temor
de su principal olor
para su dador

Entonces,
tuvo que desfallecer
y su hacer
perecer,
desmerecer
su ser
y proceder
sin saber
a fenecer

Observaba
su mirada
que extraviada
se quedaba
y denodada
sollozaba
y sollozaba

Y pensaba
que apuñalaba
cuando abrazaba,
y asesinaba
cuando soñaba,
y reflejaba
a no ser nada
y si miraba
insultaba
era nada.

Y sin hadas
sosegadas
sollozada
y sollozada
se quedaba.

(Joel Cáceres)