lunes 6 de octubre de 2008

ENCUENTRO (cursileras primarias)


Pues bien,
digamos que yo te escucho
y te hablo,
te pregunto cómo estás,
qué tal te va;
te converso
y te nombro sin nombrarte,
me acerco a tus peldaños
y continúo excusando
tus palabras;
intuyo o
trato de intuir tu mirada
y observo
a penas inicialmente
la luz apacigua de tus ojos,
que de pronto
me fulguran
y atraviesan mis verdades y mis mentiras.

Pero bueno,
digamos que lo advierto
y me acerco
aquella luz de tus ojos bobos,
volteo mi mirada,
y tu mirada,
y derepente
se encuentran tus ojos frente mis ojos,
y logro apreciar con claridad
una luz entre los dos,
que me enciega fácilmente,
pero fijamente conserva
su ternura y
su mismisima claridad transparente
que pareciere del rocío.

Y bueno, lo inadvierto
o quiero inadvertirlo,
y nuevamente escondo mi mirada
sin dejar de pronunciarte,
o desde afuera
y pronunciar tu nombre
desde dentro de mi nombre
o desde la poesía
que te ha enunciado
todas estas contritas tardes
en que encontré tus ojos

Así, continúo pronunciándote
tratando de encontrarte o
encontrarme
en cenizas de otro modo
o por amor de otro modo.
Sin embargo, finalmente
acabo por concluir tus oraciones
a tus ojos extraviados,
y es por ello que asimilo tu ternura
o me asombro,
me trastocan tus imágenes
y callo con validad
una vez que se logra perder
por las ventanas de esta ciudad
tu luz fulgurante…

Pero en fin, digamos
o me imagino
que eso fue una coincidencia
que no ha de pasar,
que me está proscrita tu ternura
que no eres pasar,
ni eternidad,
ni siempre;
y si te atrevieses
o atreviéseme a hablarme
del olvido,
es decir, del tiempo
y de mi viento de tantalo,
te alejases para siempre de mi cuerpo,
de mis sueños transparentes
y mis muertes superpuestas
o tus sueños
o tus muertes
adyacente a mis palabras,
sólo cuando te escribo sin pronunciarte,
ni esconderme,
ni responderme de otro modo
o volverte a preguntar,
talvez con la misma excusa,
cómo estás
o qué tal te va la vida.

(Joel Cáceres)