ACTO PRIMERO: AMOR Y LUJURIA
La noche estaba próxima y traería consigo como todos los miércoles a su compañera de sábanas, por lo menos en estos últimos 2 meses, uno de los pocos ávidos amores que le sobrevivían.
Se llamaba Lucía, la había conocido como nunca antes se imaginó conocer a una amante, en el autobús mientras se dirigía a la universidad, no era partidario de hablar con nadie en el carro pero el destino se encaprichó que fuera así. Fueron suficientes dos encuentros para que intercambiaran datos personales, números y demás contactos para asegurar que uno no se perdiese del otro por si algún día no se vieran las caras más.
Ella estaba a punto de llegar y a él le entusiasmaba la idea de rasgarle aquella blusita que tan bien hacían lucir sus modestos pechos con los dientes. Era una suerte vivir solo, los hoteles alrededor del centro de la ciudad eran carísimos y ninguno de los dos podría solventar tremendo lujo.
Sin embargo al llegar, Lucía se mostraba angustiada por lo que detuvo los besuqueos de su amante intempestivamente.
- Aguarda un ratito amor.
- ¿Qué pasa nerita? – preguntó él alarmado y descontento a la vez.
- Estuve preocupada por ti todo el día – contestó inquieta
- Y eso ¿por qué? Sabes que los miércoles son los días más felices para mí porque te veo – dijo él amorosamente
- Sí pero ayer tuve un sueño terrible, tú sabes que no creo en ese tipo de cosas pero te soñé muerto y me asusté muchísimo, ay amor, fue horrible.
- Los sueños son solo eso, no hay por qué alarmarse, preciosa.
- Te vi degollado, tirado en la calle, sin auxilio, nadie te defendía, fue horrible – contaba mientras su llanto aumentaba en intensidad.
- Ya mi amor, como ves estoy bien y enterito, no te preocupes, son solo sueños.
La abrazó con gran ternura y los calores lujuriosos fueron reemplazos por tiernos besos, él la tranquilizaba con mucho trabajo pues los sueños irrumpen el sosiego incluso de los más escépticos y son plagas difíciles de exterminar del todo. Acabado el impase sentimentalista de temor por el ser amado hicieron el amor salvajemente como todos los miércoles.
Se llamaba Lucía, la había conocido como nunca antes se imaginó conocer a una amante, en el autobús mientras se dirigía a la universidad, no era partidario de hablar con nadie en el carro pero el destino se encaprichó que fuera así. Fueron suficientes dos encuentros para que intercambiaran datos personales, números y demás contactos para asegurar que uno no se perdiese del otro por si algún día no se vieran las caras más.
Ella estaba a punto de llegar y a él le entusiasmaba la idea de rasgarle aquella blusita que tan bien hacían lucir sus modestos pechos con los dientes. Era una suerte vivir solo, los hoteles alrededor del centro de la ciudad eran carísimos y ninguno de los dos podría solventar tremendo lujo.
Sin embargo al llegar, Lucía se mostraba angustiada por lo que detuvo los besuqueos de su amante intempestivamente.
- Aguarda un ratito amor.
- ¿Qué pasa nerita? – preguntó él alarmado y descontento a la vez.
- Estuve preocupada por ti todo el día – contestó inquieta
- Y eso ¿por qué? Sabes que los miércoles son los días más felices para mí porque te veo – dijo él amorosamente
- Sí pero ayer tuve un sueño terrible, tú sabes que no creo en ese tipo de cosas pero te soñé muerto y me asusté muchísimo, ay amor, fue horrible.
- Los sueños son solo eso, no hay por qué alarmarse, preciosa.
- Te vi degollado, tirado en la calle, sin auxilio, nadie te defendía, fue horrible – contaba mientras su llanto aumentaba en intensidad.
- Ya mi amor, como ves estoy bien y enterito, no te preocupes, son solo sueños.
La abrazó con gran ternura y los calores lujuriosos fueron reemplazos por tiernos besos, él la tranquilizaba con mucho trabajo pues los sueños irrumpen el sosiego incluso de los más escépticos y son plagas difíciles de exterminar del todo. Acabado el impase sentimentalista de temor por el ser amado hicieron el amor salvajemente como todos los miércoles.
ACTO SEGUNDO: DESCONCIERTO
Lo que más le gustaba de esta nueva relación era que ella estaba ocupada la semana entera con su trabajo y el cuidado de sus hermanos, ya que no soportaría verla más de un día a la semana. A ella seguramente lo que le agradaba era la comodidad de una cama amplia y un desayuno por lo menos respetable al día siguiente.
La primera vez que salió con ella le sorprendió la naturalidad de su belleza (casi no se maquillaba) era casi una diosa de ébano, una morena de rostro perfumado y cuerpo cercano a la perfección. Él trataba sutilmente de impresionarla por tratarse de un estudiante próximo a dejar las aulas universitarias y ella una simple estudiante de instituto, pero Lucía parecía estar más interesada en las actividades que él hacia en sus tiempos libres, en sus hobbies que no eran la gran cosa tampoco.
Cuando ella se fue del apartamento, se despidió menos temerosa que cuando llegó pero igual le encargo que se cuidase. Le encantaba que ella fuera tan cariñosa y atenta, imago quizás de su madre muerta años atrás. Lo besó apasionadamente con aquellos grandes labios y enseguida preguntó:
- Amor ¿Qué es lo que somos? - esta pregunta le cayó como un baldazo de agua fría.
- ¿Qué somos? – respondió titubeante él
- Ya me lo responderás en la noche cuando regrese – interrumpió ella – ¿no te molesta si hoy también vengo no amor?
- (Aún más confundido de lo que estaba respondió) cla cla claro amor, como me iría a molestar, ven nomás.
Así se retiró Lucía, mientras él quedó muy confundido, ¿qué somos? que no me joda y ahora va a venir dos días a la semana…tamare… y algo enojado.
La primera vez que salió con ella le sorprendió la naturalidad de su belleza (casi no se maquillaba) era casi una diosa de ébano, una morena de rostro perfumado y cuerpo cercano a la perfección. Él trataba sutilmente de impresionarla por tratarse de un estudiante próximo a dejar las aulas universitarias y ella una simple estudiante de instituto, pero Lucía parecía estar más interesada en las actividades que él hacia en sus tiempos libres, en sus hobbies que no eran la gran cosa tampoco.
Cuando ella se fue del apartamento, se despidió menos temerosa que cuando llegó pero igual le encargo que se cuidase. Le encantaba que ella fuera tan cariñosa y atenta, imago quizás de su madre muerta años atrás. Lo besó apasionadamente con aquellos grandes labios y enseguida preguntó:
- Amor ¿Qué es lo que somos? - esta pregunta le cayó como un baldazo de agua fría.
- ¿Qué somos? – respondió titubeante él
- Ya me lo responderás en la noche cuando regrese – interrumpió ella – ¿no te molesta si hoy también vengo no amor?
- (Aún más confundido de lo que estaba respondió) cla cla claro amor, como me iría a molestar, ven nomás.
Así se retiró Lucía, mientras él quedó muy confundido, ¿qué somos? que no me joda y ahora va a venir dos días a la semana…tamare… y algo enojado.
ACTO TERCERO: REFLEXIONES
La muchacha era humilde, era la secretaria de un empresario textil que intentaba enamorarla cada vez que podía, motivo por el cual quería cambiarse de trabajo y buscar algo más digno. En más de una ocasión él la animó para que fuese modelo, atributos no le faltaban, además él podría jactarse ante sus amigos que su amante es una modelo, nada más y nada menos.
Ahora le preocupaba que Lucía pretendiera dar “el siguiente paso” y pensaba en la manera de cómo arreglar las cosas con ella. Si las cosas se le iban de la mano tendría que prescindir del fabuloso sexo que tenía con ella por el bienestar de ambos y su endeble economía, no hay que olvidar que las relaciones amorosas formales son más costosas que tener una amante circunstancial de un día a la semana, que jodidas son las mujeres ¿que somos?, jajaja ¡homo sapiens pues cojuda! eso somos, le hubiera respondido, pensaba él mientras se alista para salir rumbo a la universidad.
El buen sexo fue la principal razón por la cual se involucró con Lucía y a pesar de no satisfacer sus gustos físicos totalmente, lo complacía en la cama como ninguna otra antes lo había hecho. Hace dos meses él le propuso por primera vez ir a su apartamento envalentado por unos cuantos tragos y por la misma razón ella aceptó tal propuesta.
Ella tenía un cuerpo delicioso pero él prefería hacerlo con la luz apagada (siempre desde aquella vez lo hacían así), lo que en un principio a ella le sorprendió, pero no se opuso. Luego de la primera vez quedo la duda de porque hacerlo con las luces apagadas:
- Eres raro chico, ¿Porque te gusta hacerlo a oscuritas? – preguntó ella cariñosamente
- ¿Por qué? Es más rico así pues, puedo sentir tu aroma, escuchar tus gemidos, palpar todo tu cuerpo con mis manos…
- ¡Ohh que romántico!! Jajaja
- Así es nerita, ve acostumbrándote nomás – rió él también - pero no me digas que ¿a ti no te gustó hacerlo así?
- No, si, me encantó pero no deja de ser raro.
- Si un poquito, esas son mis razones pues.
En la universidad estuvo pensando la mejor manera para dar por terminada la relación si ella le insistiera en tener una relación formal, eso sería el primer paso para que más adelante le pida convivir y aquella idea lo aterraba, convivir a sus 26 años le parecía una locura y una injusticia, los amigos y las juergas se lo reclamarían, además ella no era la mujer ideal para él, fue bello mientras duró, pero que se le hace, además es mejor así, no quiero estar atado a una relación, sé que me sofocaría…
Ahora le preocupaba que Lucía pretendiera dar “el siguiente paso” y pensaba en la manera de cómo arreglar las cosas con ella. Si las cosas se le iban de la mano tendría que prescindir del fabuloso sexo que tenía con ella por el bienestar de ambos y su endeble economía, no hay que olvidar que las relaciones amorosas formales son más costosas que tener una amante circunstancial de un día a la semana, que jodidas son las mujeres ¿que somos?, jajaja ¡homo sapiens pues cojuda! eso somos, le hubiera respondido, pensaba él mientras se alista para salir rumbo a la universidad.
El buen sexo fue la principal razón por la cual se involucró con Lucía y a pesar de no satisfacer sus gustos físicos totalmente, lo complacía en la cama como ninguna otra antes lo había hecho. Hace dos meses él le propuso por primera vez ir a su apartamento envalentado por unos cuantos tragos y por la misma razón ella aceptó tal propuesta.
Ella tenía un cuerpo delicioso pero él prefería hacerlo con la luz apagada (siempre desde aquella vez lo hacían así), lo que en un principio a ella le sorprendió, pero no se opuso. Luego de la primera vez quedo la duda de porque hacerlo con las luces apagadas:
- Eres raro chico, ¿Porque te gusta hacerlo a oscuritas? – preguntó ella cariñosamente
- ¿Por qué? Es más rico así pues, puedo sentir tu aroma, escuchar tus gemidos, palpar todo tu cuerpo con mis manos…
- ¡Ohh que romántico!! Jajaja
- Así es nerita, ve acostumbrándote nomás – rió él también - pero no me digas que ¿a ti no te gustó hacerlo así?
- No, si, me encantó pero no deja de ser raro.
- Si un poquito, esas son mis razones pues.
En la universidad estuvo pensando la mejor manera para dar por terminada la relación si ella le insistiera en tener una relación formal, eso sería el primer paso para que más adelante le pida convivir y aquella idea lo aterraba, convivir a sus 26 años le parecía una locura y una injusticia, los amigos y las juergas se lo reclamarían, además ella no era la mujer ideal para él, fue bello mientras duró, pero que se le hace, además es mejor así, no quiero estar atado a una relación, sé que me sofocaría…
ACTO CUARTO: ODIO Y DESPEDIDA
Llegada la noche del jueves Lucía llegó muy contenta y con un bolso de supermercado y él intentó ponerle buena cara, le atraía mucho y aquella noche lucía mucho más bella que de costumbre, pero no podía sacrificar más de lo que ya estaba haciendo.
- Hola amor, te he extrañado harto hoy, ¿tú me extrañaste?
- Claro preciosa como no – respondió presuroso – ¿qué son todas esas cosas?
- Fui de compras y pensé que sería buena idea cocinar juntos ¿Qué te parece?
- Me parece bien, pero no se cocinar ah, por si acaso.
- Ah, no te preocupes, yo te enseño - contestó con mucha confianza ella y prosiguió - vamos amor, juguemos a que estamos casado – y sonrió enseguida.
Esto le produjo a él una sensación de incomodidad estomacal casi infernal, ciertamente se sentía invadido por aquella mujer casi desconocida, esto esta yendo muy lejos…
Durante el día se propuso no darle tregua y encararla de frente.
- Hoy estuve pensando en tu pregunta de la mañana – le dijo él.
- ¿Así? Que bueno, quiero oír tu respuesta – contestó alegremente
- Creo que la pasamos bien juntos y de alguna manera nuestro romance se basa en la distancia, no sé con certeza que somos, pero preferiría volver a como estábamos antes.
- (Ella cambió su semblante) ¿Cómo antes? – preguntó - ¿Distancia?
- Sí, es complicado pero no lo tomes mal, solo quiero decir que quizás necesitemos más tiempo para conocernos pero respetando nuestros espacios.
- ¿De que estas hablando? No te entiendo, solo me quedé una noche más, no te estoy pidiendo que te cases conmigo.
- Lo sé, lo sé, pero me sorprendió un poco en la mañana… y creo que sería justo para ambos mantenernos como antes o separarnos de una vez por todas.
- Eres un huevón, solo quise pasar más tiempo contigo porque mis hermanos están en casa de mis tíos y haces un escándalo por eso, eres un huevón. Y ni siquiera tienes el tacto suficiente para decirme que solo quieres tirar conmigo y nada más. – tomó su bolso y su casaca y se dirigió a la puerta sumamente enojada como la situación ameritaba.
- No, espera, no tiene que ser así… tú me gustas mucho pero…
- Vete a la mierda, eres un huevón, nunca más me hables… - lo interrumpió y azotó la puerta con gran indignación
Luego del portazo, él quedó solo en su apartamento, perdió a su amante pero se quedó por lo menos con los alimentos básicos para dos semanas.
- Hola amor, te he extrañado harto hoy, ¿tú me extrañaste?
- Claro preciosa como no – respondió presuroso – ¿qué son todas esas cosas?
- Fui de compras y pensé que sería buena idea cocinar juntos ¿Qué te parece?
- Me parece bien, pero no se cocinar ah, por si acaso.
- Ah, no te preocupes, yo te enseño - contestó con mucha confianza ella y prosiguió - vamos amor, juguemos a que estamos casado – y sonrió enseguida.
Esto le produjo a él una sensación de incomodidad estomacal casi infernal, ciertamente se sentía invadido por aquella mujer casi desconocida, esto esta yendo muy lejos…
Durante el día se propuso no darle tregua y encararla de frente.
- Hoy estuve pensando en tu pregunta de la mañana – le dijo él.
- ¿Así? Que bueno, quiero oír tu respuesta – contestó alegremente
- Creo que la pasamos bien juntos y de alguna manera nuestro romance se basa en la distancia, no sé con certeza que somos, pero preferiría volver a como estábamos antes.
- (Ella cambió su semblante) ¿Cómo antes? – preguntó - ¿Distancia?
- Sí, es complicado pero no lo tomes mal, solo quiero decir que quizás necesitemos más tiempo para conocernos pero respetando nuestros espacios.
- ¿De que estas hablando? No te entiendo, solo me quedé una noche más, no te estoy pidiendo que te cases conmigo.
- Lo sé, lo sé, pero me sorprendió un poco en la mañana… y creo que sería justo para ambos mantenernos como antes o separarnos de una vez por todas.
- Eres un huevón, solo quise pasar más tiempo contigo porque mis hermanos están en casa de mis tíos y haces un escándalo por eso, eres un huevón. Y ni siquiera tienes el tacto suficiente para decirme que solo quieres tirar conmigo y nada más. – tomó su bolso y su casaca y se dirigió a la puerta sumamente enojada como la situación ameritaba.
- No, espera, no tiene que ser así… tú me gustas mucho pero…
- Vete a la mierda, eres un huevón, nunca más me hables… - lo interrumpió y azotó la puerta con gran indignación
Luego del portazo, él quedó solo en su apartamento, perdió a su amante pero se quedó por lo menos con los alimentos básicos para dos semanas.
ACTO FINAL: ORGULLO Y RESENTIMIENTO
Una semana después la culpabilidad, compañera al final cualquier batalla donde se sabe que se ha jugado sucio, lo hizo su presa, quiso llamarla pero su número ya no era el mismo. La buscó en su trabajo y allí le informaron que había renunciado y que no sabían su paradero.
Esto sirve aunque no parezca para decrementar la culpa, así sucedió se sintió más tranquilo ya que al menos la buscó, no la halló para pedirle disculpas, pero la buscó, capítulo cerrado, eso era todo de su parte.
Sin embargo sus noches ahora eran solitarias, prefería pensar que era el precio de la libertad y aunque hubo más de una ocasión en que pensó que exageró, las reflexionen ahora no cambiarían las cosas, tan solo era una noche más, pasar más tiempo juntos, no me pedía que me casara con ella. El orgullo definitivamente es el principal problema cuando a la hora de aceptar que se esta equivocado uno tiene.
A veces el destino nos tiene reservado una que otra sorpresa y como si se tratase de una telenovela muy forzada que nos convierte en el ridículo personaje de dicha trama, Lucía y él se toparon en el bus un miércoles por la tarde.
No habían terminado del todo mal y lo cortés no quita lo valiente, así es que decidieron hablarse bajo una sombra de resentimiento de parte de ella y rezagos de culpa por parte de él.
- Hola Lucía – la saludó con cierto recato
- Hola – respondió ella con gran recelo.
- ¿Cómo has estado?
- Bien.
- Hace tiempo no sabia de ti
- Estuve en mis cosas pues – aún de manera fría.
- Sabes, lamento como terminó todo lo nuestro, te estuve buscando para poder conversarlo y nunca te hallé sino hasta ahora.
- La verdad es que yo no quiero hablar de ese tema. – refutó ella de manera algo más alterada.
- Para mí tampoco es cómodo pero solo quería decirte eso
- Bueno ya lo dijiste ¿en que cambian las cosas?
- Creo que aún podríamos saber uno de lo otro ¿no?
- ¡No!! es una mala idea, yo no quiero saber más de ti y no quiero que tú sepas de mí – esto lo dijo furibunda.
- No seas tan dura conmigo, solo quiero ser tu amigo…
- Sabes, no me interesa ahora, lo único que podría decirte es que descubrí que tu “romántica forma de hacerlo” (siendo muy sarcástica en la frase) simplemente era una forma de ocultar tras la oscuridad lo pequeño de tu pene. – dijo esto con gran tirria y una sonrisa siniestra.
- ¿Que? - preguntó él abrumado
- ¡Que la tienes chica y por eso apagas las luces para tirar, huevón! – vociferó en el autobús (quizás como venganza retardada)
Avergonzado por el bochorno que su ex amante le hacía pasar en frente de todos los pasajeros y luego de algunos segundos de asombro e indecisión, resolvió hacer lo que su orgullo varonil le dictaminó.
- Puede ser, pero en la oscuridad te ves menos negra, querida, y no es que sea racismo ni mucho menos ah, sino que la cuestión es la estética, tú comprendes ¿no? - musitó esto para ella y se despidió con una gran sonrisa siniestra también pero a la vez avergonzada.
Se bajó del carro y nunca más supo de ella, ni siquiera supo si lo que dijo la indignó o le fue indiferente. Ya no quiso lidiar con la culpabilidad. Terminó su romance siendo un tipo de pequeño pene y prejuicios racistas.
Esto sirve aunque no parezca para decrementar la culpa, así sucedió se sintió más tranquilo ya que al menos la buscó, no la halló para pedirle disculpas, pero la buscó, capítulo cerrado, eso era todo de su parte.
Sin embargo sus noches ahora eran solitarias, prefería pensar que era el precio de la libertad y aunque hubo más de una ocasión en que pensó que exageró, las reflexionen ahora no cambiarían las cosas, tan solo era una noche más, pasar más tiempo juntos, no me pedía que me casara con ella. El orgullo definitivamente es el principal problema cuando a la hora de aceptar que se esta equivocado uno tiene.
A veces el destino nos tiene reservado una que otra sorpresa y como si se tratase de una telenovela muy forzada que nos convierte en el ridículo personaje de dicha trama, Lucía y él se toparon en el bus un miércoles por la tarde.
No habían terminado del todo mal y lo cortés no quita lo valiente, así es que decidieron hablarse bajo una sombra de resentimiento de parte de ella y rezagos de culpa por parte de él.
- Hola Lucía – la saludó con cierto recato
- Hola – respondió ella con gran recelo.
- ¿Cómo has estado?
- Bien.
- Hace tiempo no sabia de ti
- Estuve en mis cosas pues – aún de manera fría.
- Sabes, lamento como terminó todo lo nuestro, te estuve buscando para poder conversarlo y nunca te hallé sino hasta ahora.
- La verdad es que yo no quiero hablar de ese tema. – refutó ella de manera algo más alterada.
- Para mí tampoco es cómodo pero solo quería decirte eso
- Bueno ya lo dijiste ¿en que cambian las cosas?
- Creo que aún podríamos saber uno de lo otro ¿no?
- ¡No!! es una mala idea, yo no quiero saber más de ti y no quiero que tú sepas de mí – esto lo dijo furibunda.
- No seas tan dura conmigo, solo quiero ser tu amigo…
- Sabes, no me interesa ahora, lo único que podría decirte es que descubrí que tu “romántica forma de hacerlo” (siendo muy sarcástica en la frase) simplemente era una forma de ocultar tras la oscuridad lo pequeño de tu pene. – dijo esto con gran tirria y una sonrisa siniestra.
- ¿Que? - preguntó él abrumado
- ¡Que la tienes chica y por eso apagas las luces para tirar, huevón! – vociferó en el autobús (quizás como venganza retardada)
Avergonzado por el bochorno que su ex amante le hacía pasar en frente de todos los pasajeros y luego de algunos segundos de asombro e indecisión, resolvió hacer lo que su orgullo varonil le dictaminó.
- Puede ser, pero en la oscuridad te ves menos negra, querida, y no es que sea racismo ni mucho menos ah, sino que la cuestión es la estética, tú comprendes ¿no? - musitó esto para ella y se despidió con una gran sonrisa siniestra también pero a la vez avergonzada.
Se bajó del carro y nunca más supo de ella, ni siquiera supo si lo que dijo la indignó o le fue indiferente. Ya no quiso lidiar con la culpabilidad. Terminó su romance siendo un tipo de pequeño pene y prejuicios racistas.
Hector R. Ccahua





1 comentarios:
wauuu vaya sorpresa... me gustaron... ahh ver sigue sacando mas de tu repertorio...
Exitos.... nos vemos chico british!
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