jueves 28 de agosto de 2008

Miseria


Yo soy el dios
extirpado del terruño,
soy la lagartija…
crucifijo execrable!!

Soy el morbo altísimo
de tanto dolor,
y tanta madera…
castigo miserable!!

Arrodillad rastrero
mientras corrijo el tiempo

Yo soy el dios
quien va llorando versos
aquel pobre barro pensativo
y ahora blasfemo

Soy la verdad
carente de sangre
divieso recalcitrante
cenizas del (supremo)

Cerrad los ojos
pendenciero orgullo embustero

Yo soy el dios
apedreado, imperfecto, perecedero
lascivo y enfermo
que vive y deja vivir

Soy del tiempo a veces,
de la intransigencia
y el chauvinismo
que a veces muere o deja morir

Adorad tirano
la miseria humana del averno es y a él va


Hector R. Ccahua
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Ella


yacía
en su silla
de arcilla
y decía
o hacía
poesía
sencilla.

Luego,
en la orilla
vacía
se asía
y esperaba en la silla
la astilla
de cerilla.

¿Qué hacía
en su corazón de maravilla
la poesía
que sentía
y sucedía?

Pues sentía
estupor
y clamor
del desamor
y hedor
de su pudor,
vergüenza de su calor
y rubor
del sudor,
temor
de su principal olor
para su dador

Entonces,
tuvo que desfallecer
y su hacer
perecer,
desmerecer
su ser
y proceder
sin saber
a fenecer

Observaba
su mirada
que extraviada
se quedaba
y denodada
sollozaba
y sollozaba

Y pensaba
que apuñalaba
cuando abrazaba,
y asesinaba
cuando soñaba,
y reflejaba
a no ser nada
y si miraba
insultaba
era nada.

Y sin hadas
sosegadas
sollozada
y sollozada
se quedaba.

(Joel Cáceres)
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miércoles 27 de agosto de 2008

Un simple sueño


La hija que nunca tuvimos
tiene cabellos largos,
sonrisa sospechosa
y parpados honrosos.

Son sus apariencias
nuestros cuerpos combinados,
nuestros besos enredados
y nuestras almas mezcladas.

La hija que nunca tuvimos
es de nariz respingada,
de dientes de conejo
y cuello de cisne.

Es rico jugar con ella
y me gusta tomarla en brazos
mientras poquito a poco
va quedándose dormida.

Nos enojan sus travesuras
y sus disculpas nos derriten
recordándonos cada día
que hicimos las cosas bien.

Ella siempre nos observa
como tratando de aprender
o talvez solo esperando
alguna mueca en mi cara.

A veces es callada
como tratando de ocultar
alguna pena ancestral.
O quizá es solo como tu.

La hija que nunca tuvimos
tiene ojos marrones hondos,
no tan profundos como el mar
pero si fuertes como el metal.

Son ojos calmos y buenos
que se irritan con el viento
y a veces al enojarse
son fieros como el tiempo.

Le gusta traducir
lo que escucha alrededor
y desea algún día
alcanzar la perfección.

Todo el mundo se sorprende
por lo sin par de su belleza
y a mi me gusta presumir
que salió a su papá.

Aunque debo reconocer
(y solo entre tu y yo)
que su gran hermosura
es fiel reflejo de la tuya.

Su actuar es muy vivaz
y contagia su esplendor.
No le gustan los dulces
y tampoco el mucho color.

Cada vez que camina
oculta sus atributos
Pero no lo logra del todo
(es tu hija de todos modos)
La hija que nunca tuvimos
lo tiene todo
y todo lo usa
hasta no quedar más.

Sus ansias de perfeccion
la llevan más allá
de límites y barreras
y nunca se cansa.

No piensa en la eternidad
o en que siempre podrá,
pero cree en la justicia
y en que no se la negarán.

Da frutos en su esplendor
y lo comparte con quien quiere,
lo disfruta a rabiar
y se siente muy feliz.

Sus manos, sus pies
sus brazos y sus piernas
ejecutan virtuosismo
que sale de su mente.

La hija que nunca tuvimos
me enorgullece
y hace que por fin
esté contento con lo que hice.

Cuando la vimos un día
me tomaste de la mano
y mirándonos nos dijimos:
“¡Está bien ah!”

La hija que nunca tuvimos
Me dijo un día: “papi,
¿algún día no existirás?”
Y no supe que contestarle.

Ella se quedó esperando
y en lugar de mirarla
yo trataba de encontrar
algún motivo para ello.

“No lo sé mi pechocha”
fue lo que le dije,
“no encuentro una razón
para no ser yo tu papi.

“Salvo que un buen día
me despierte en mi cama
y descubra que todo esto
no fue más que un simple sueño”

Ese día fue hoy,
en esta mañana
cuando al despertar descubrí
que no estabas junto a mi.
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viernes 22 de agosto de 2008

Tiempo


Ayer te vi
surcando senderos y resplandores,
caprichosa tu figura escondiose
en esas fuentes de albor candente,
transformose de mil maneras
manteniendo su esencia;
mil veces tú
con tanta sonrisa
te escondiste y emergiste del sigilo;
ahora te vas?
…Aun no logro convencerme.

***

Estuve esperando hoy tus pasos
mas nunca llegaron antes que la desesperación,
ideé algunas verdades
verdades inseguras aún,
pero testarudas como la arena del mar,
que se aferran
a mis pies descalzos
a mis huellas
o a mi melancolía
acaso pensando en ti
o en lo que en mí tú desdibujaste.

***

Mañana llegará
cuestionando la nariz respingada
y la mirada perdida
decidirá tal vez dejar de especular
y acaso se empapará de arena y sal
mas aún si es peligroso
intentar alcanzar sus sendas
o tocar sus muslos,
ataré sus movimientos a los míos
para aguardar al viento
y humedecer mi melancolía.



Hector. R. Ccahua
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El abortado


Mi madre embarazada
al espejo se miraba
con terror en la mañana
pues yo le molestaba.

Fue a ver a una gitana
pues estaba preocupada
y se sentía malvada
por el hijo que llevaba.

Le dijo la gitana:
"Tendrás un hijo paria,
estará en la contraria
y será una malaria

A lo bueno escupirá
y de nada servirá.
Malvada ortiga será
a los pies de la bondad.

Si a parirlo llegarás
Dios te castigará,
en el fuego arderás
por ese fruto de maldad".

Oyéndola pasmada
mi madre se asustaba
y corriendo agitada
de la gitana se escapaba.

Cruzaba la plazuela
temblando y con cautela
y le nacía la idea
del castigo a mujerzuela.

II

Recuerdo estar allí dentro,
no quería alejarme
de las tripas de mi madre
que buscaban alojarme.

III

Pero luego me sentí
cortado en mil pedazos,
destrozado y despreciado
porque soy un abortado.

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jueves 21 de agosto de 2008

Los ojos no engañan


Iba caminando cauteloso, cuidando sus pasos en la espesa noche y agitado como nunca, Donde dices que la oíste, preguntó a su pequeña acompañante mientras cogía su mano con el mismo temor que ella a su muñeca. Seguía avanzando a través de aquel pasadizo casi interminable en aquella noche ayudado por las paredes cómplices del espanto; llegaron al pie de las escaleras, se detuvieron y respiraron, la noche era oscura como sólo en los sueños de angustia absoluta se espera que sean, Tengo miedo, musitó temblorosa la pequeña voz, él esperaba que algo impidiera su descenso por aquella escalinata tenebrosa, algo, cualquier cosa, mientras su agitada respiración ahora se intercalaba con entrecortadas exhalaciones. Descendió ya que nada se lo impidió, Cuidado con caerte nena y no hagas mucha bulla, no terminaba de decir esto cuando sintió su mano trémula aún más trémula, la pequeña tiritaba cada vez más intensamente y empezaba su ahogado llanto, Tranquila mi amor, ya verás que no hay nada ni nadie allí abajo.

Un quejumbroso alarido secundaba ahora el pequeño llanto y se hacia más fuerte a cada paso, Tranquila querida, quédate aquí, veré que pasa, a de ser un gato que llora nomás, espérame aquí. Valiente descendía los maderos que le faltaban hacia la puerta semiabierta ubicada a la derecha de las escalinatas en la mitad del recorrido buscando aquel sonido lastimero que parecía provenir de todos lados, caminaba pero esperaba nunca llegar a la puerta o que algo le impidiese hacerlo, cualquier cosa, no importara cual, una luz encendida o alguien que le dijera que estaba loco por estar despierto a estas horas, lo que fuera. Volteó y aún alcanzaba a ver a su pequeña acompañante peldaños más atrás petrificada con sus manos temblorosas y su sollozo contenido, parada allí por el pánico de no saberse segura en otra habitación a solas o porque el miedo ya se había apoderado de su ser completamente. Nuevamente nada impidió que llegara a la puerta y más que la cruzara, Shhh gato infernal, lárgate de aquí, gritó, quizás por convencer a la pequeña (y asimismo) o porque aún tenía la esperanza de escuchar un `miau´ que le devuelva la seguridad y la calma.

El quejido ahora rozaba sus oídos y estremecía su piel como nunca, Quien anda allí, que es lo quieres!! El sudor en el rostro, las palpitaciones galopantes a cien por hora y el temblor de sus piernas y manos era algo que ya no podía controlar, mientras el llanto lastimero cobraba más forma, ¿Donde está mi guagua?, ¿estas son sus ropas? ¿Quién me lo ha matado? ¿Héctor, hijito, donde estas guagüita?, su llanto era conmovedor mas no por ello dejaba de ser tenebroso. Ya con poca valentía seguía avanzando por la oscuridad, su escepticismo hacia este tipo de cosas lo impulsaba hasta donde sus temblorosas piernas se lo permitían.

Avanzó a pesar del sudor frío y de su palpitante corazón que parecía sólo esperar ver lo que temía ver para emerger por su boca desesperado, ya no decía nada pensando quizás que si no preguntaba nada tampoco oiría nada, esto no sucedió y un sobresalto lo sorprendió, hizo a un lado aquel tejido que cubría un viejo ropero y su mirar encontró el verdoso brillo de sus ojos, ¿Tú? la miró y retrocedió al mismo tiempo cubriendo su temblorosa boca con su mano aún más temblorosa para ahogar los gritos de espanto que le salían desde las vísceras, ¿Dónde está mi Héctor? ¿Quién me lo ha matado?, asustado como nunca quiso huir de la habitación pero no lo hizo, ¿Qué hace ella en mi casa? retrocedió hasta llegar a la puerta y dejó a aquella alma lastimera lamentándose tristemente, su llanto era conmovedor y tétrico a la vez.

La piel marchita y el rostro castigado por las miserias eran exactamente los mismos a los que recordaba, Pero ¿qué hace ella en mi casa? se preguntaba y corría mientras recordaba a aquella mujer y sus desgracias y a aquel hospital psiquiátrico en el que la conoció, con mugres chompitas y miradas tan o más lastimeras que las actuales, llorando por un hijo que nunca tuvo y rezando para que los demonios que la violaban noche a noche desaparezcan de una vez por todas.

Corrió despavorido tratando de escapar de ese llanto tan dolido que parecía provenir de todos lados, su instinto de sobrevivencia impulsó sus piernas, corrió con fuerza y sujetó a la pequeña y se la llevó lejos, ahora él era quien ahogaba su llanto y sentía un miedo asquerosamente patético, como él nunca había sentido, lloraba y corría con más fuerza, cayéndose y levantándose y lamentando su suerte, lloraba y su llanto era fundado.

Escapó de aquel espectro aquella noche, pero siguió corriendo y llorando, lamentando aún su suerte… no era para menos, su mayor temor en realidad se había convertido, le fue demostrado que él no tenia razón, que lo que él no creía pudiera existir existía y esto echaba por tierra su creencia y su verdad. Debía empezar a creer en lo que nunca creyó y siempre renegó, se sintió defraudado de aceptar que estuvo equivocado y miserable de cambiar su actitud, quiso creer lo contrario o quiso no creer nada, pero sus ojos no lo engañaban… se sintió miserable y defraudado, como si de su personalidad algo escapara y con esto se volviera uno más del montón…ahora temía que se le demostrara algún otro yerro en la concepción de la vida que él se había formado, lo temía tanto y lloriqueaba, quería su vida de vuelta y no sentirse tan desgraciado, deseaba su seguridad, aquella que lo impelía a la vida, pero ya no podía… su vida se le fue cambiada, no es nada fácil derrotar a las ideas con las que creció y menos desterrarlas de su filosofía de vida… así quedó lloroso y vencido después de aquella noche cuando sus ojos le demostraron que estaba equivocado.



Hector R. Ccahua Leer más...

Después del tiempo


No es ningún eufemismo decirlo
pero si después del tiempo
no quedase tiempo alguno
ni números ni relojes
no naciere la cronología de la muerte
ni la existencia del cuerpo abandonado…
O si después
ni antes quedase
ni la risa de los hombres
defecada
ni lo efímero
ni lo eterno
ni dioses devastados
o cristos resurrectos
ni las unidades convencionales
a la espera del regreso
circundante
ni los astros hechos cenizas
oscuras y grises cenizas…

O si la palabra tiempo
agonizase en una ausencia espantosa
densa y pálida
una ausencia a la espera
del viento de esperpento
o al objeto del sujeto que no es…
una ausencia de tiempos fraccionados
en un vacuo destello
que bramados de miedo
recojan las espermas del tiempo inexistente...

O si después,
simplemente después,
no existiese un después


(Joel Cáceres)
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lunes 18 de agosto de 2008

Hoy vi a Dios


HOY VI A DIOS
TENIA LOS OJOS VIVOS
Y LA SONRISA SERENA.

PENSE HABLARLE PERO,
NO TENIA NADA QUE DECIRLE.

Y SU SONRISA ERA CALMA,
TRANQUILA, CASI TIERNA.

YO LO MIRABA
Y COMPRENDIA QUE EXISTE,
TUVE QUE TAPARME LA NARIZ,
PERO SUPE QUE EXISTE.

HOY SUPE QUE DIOS
NO SE PARECE AL HOMBRE
PUES ES DIOS;
Y SU PRESENCIA ES ANIMICA.

TIENE AQUEL "NO SE QUE"
QUE CALMA Y COMPRENDE,
LIMPIA Y EMBELLECE
Y SE CONFUNDE CON CERTEZA.

DIOS VIVIO EN MI
Y SALIO COMO UN DESEO DESESPERADO
POSANDOSE EN EL ASIENTO HOGAREÑO.

CONOCI A DIOS,
ME TAPE LA NARIZ
Y LO CONFUNDI CON UN SER LOABLE...
UN SER AMABLE
Y CASI ADORABLE.

(Fredborbor)
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jueves 14 de agosto de 2008

Obsequio


Maldita tú
fastidio de inquietudes escondidas,
de piernas febriles
y rollizos vestíbulos,
de miradas sofocantes
y calores insípidos;
liviandad repulsiva
aún hoy más repulsiva,
desecho de lujuria
y emulación de sensualidad.

Maldita la sangre y los harapos
y nefasta la memoria que no olvida.

Maldita la mesura doblegada,
la inconsistente vergüenza
y las farsas,
lujuria repugnante
aún hoy más repugnante
de labios patéticos
y desavenencias varias,
de dolor hacinado
en mis pupilas inflamadas,
maldita tú.

Maldito el ardor y la modorra
que en mí tu sangre cuajó.

Maldito tu sudor,
tu saliva
y tus sustancias,
irrefrenable bullicio de madrugada
de madrugada sollozante
que incineró el perdón
y vomitó tu nombre con asco
ve y regresa
de donde nunca debiste salir
feminidad inmunda.

Maldita la piel y las manos
y la hipocresía de no escupir tu cara.



Hector R. Ccahua
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miércoles 13 de agosto de 2008

Creencias burladas


Creíste que te quería,
creíste que te adoraba.
Creíste que al libertinaje
por ti dejaría.

Creíste que por tus labios
alejados de su dueño
y acercados a los míos
a otra no besaría.

Creíste que por tu cuerpo
curvilíneo y excitante
al deseado pecado
jamás regresaría.

Creíste muchas cosas,
como que yo te amaba,
y por ser tan tonta
caiste de mi enamorada.

Pero lo que no creíste
es que yo me burlaba
de tus besos y caricias
y tus patéticos "te quiero".

No creíste tampoco
que mientras te besaba
otro cuerpo yo miraba
sintiendome viril macho.

Lastima que no creiste,
porque si lo hacias
no hubieras permitido
esta burla a tu inocencia.

Hoy solo te queda
amar sin desearlo,
pesandote la espina
de un amor traicionado.

Yo soy feliz, lo admito.
Pero algo de ti extraño,
aquel billete verde
que usabas al complacerme.

(Fredborbor)
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Todo por un cabro


No cabe la menor duda que una chela en mano es el inicio de la maquinaria, incomprensible aún para este humilde servidor, de pensamientos retrógrados e inconsecuentes muchas veces, pero que entretienen en lo que dura una conversa y más aún en el recorrido hacia el hogar si uno decide ir lejos a alcoholizar su ser, sumando a esto el hecho de vivir en el poto de la ciudad, como es mi caso.

No recuerdo bien en que horas la embriaguez se había apoderado de mi cabeza, ya que aquel líquido infame en ocasiones es cruel y flagela sin permiso la memoria y la lastima más de lo que ya está; lo que sí recuerdo con exactitud fue que estaba ya en un taxi rumbo a mi casa. De pronto, vino a mí aquella noche un pensamiento extraño, extraño por tratarse de temas poco importantes según mi sentir. Sucedió cuando desde el taxi, divisé a uno de esos personajes nocturnos que adornar la ciudad con su belleza masculina enclaustrada en escotes y extraños pantalones entallados de usual uso femenino… era un cabro como los hay muchos, caminaba el muy maricón con tacones altos y maneras coquetas sonriéndole a todo parroquiano que se le acercara o para burlarse o para negociar algún encuentro furtivo en algún recoveco como los hay muchos.

Obviamente y gracias a todos los cielos tremendo mariconazo no fue quien llamó mi atención por sus formas, no, ni mucho menos por lo lastimera que pueda ser su vida; viendo a aquella loca por las calles se me vino a la mente y sabe dios (o algún psicoanalista) por qué pensar en el momento en que este sujeto decidió salir del closet. Iba esbozando una sonrisa burlesca, mientras me percataba desde la ventana de aquel taxi que me llevaba a casa, la gran cantidad de travestis, cabros y maricuecas regados por la ciudad y pensaba cuantos más se hallaran en sus casas ahora mismo, quizás no tan escandalosos como este, pero de que hay, los hay.

La idea nuevamente rondó por mi cabeza y se hizo más clara cuando le sumé un hecho visto por televisión horas antes… Un padre lloraba a su hijo muerto a manos de unos pandilleros mientras le decía al reportero habido de morbo: “ningún padre debe sobrevivir a su hijo, ¿sabe usted? porque no hay golpe más duro para un padre que enterrar a su propio hijo”. Quizás aquel infeliz sujeto haya tenido mucha razón, pero la muerte es parte de la vida pensé y me dije sabiamente y froté mi nariz en forma arrogante, (y luego continué con mi raciocinio) pero que hay de esos hombres a quienes la naturaleza o sabe dios (o algún psicoanalista) qué, los había provisto de un hijo que prefería las caricias masculinas en lugar de la tibia piel femenina? Al fin y al cabo si se muere un hijo, muerto está y hasta quizás a mejor vida haya pasado, pero ¿qué haces con un hijo maricón que está vivito y coleando (sino culeando)? me pregunté y me seguí preguntando ¿Como debe uno reaccionar ante tremenda catástrofe? ¿A dónde van las esperanzas de tu hijo futbolista, rompecorazones y gran orgullo de masculinidad? ¿Cómo hacer frente a la desilusión? ¿Qué comentar a tus amigos sobre tu retoño?

Aquella noche-madrugada que llegué en taxi a casa me quedó una reflexión muy profunda, la muerte es como siempre fue desde que la humanidad apareció, una despedida agónica, fría, justa pero incomprendida, de dolor, de tristeza y de desesperanza… pero me dije como en toda la noche, un hombre podrá sobreponerse a la muerte aún del ser más querido, mas si su hijo le sale maricón el golpe podrá tumbarlo de seguro, pues no conozco hombre que se respete y aun se guarde en la tolerancia, que no se vea conmovido por tener un hijo de raras mañas, pero no hay certeza de que en pie se ponga ante tal atentado, asentí.

A de ser la nueva muerte que le toque sobrevivir a un padre repetí en mi cabeza, a de ser la muerte misma que defrauda y desesperanza, a de ser la muerte en vida tener un hijo maricón concluí. Mientras intentaba recordar como había llegado al taxi inevitablemente pensé que todos los pensamientos surgidos aquella noche fueron gracias a un cabro.



Hector R. Ccahua
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La fábrica


Últimamente tengo tiempo de pensar en muchas cosas. Algunas terminan en factores determinantes para ciertas decisiones y otras terminan en simples ideas que se van cuando cierro los ojos.

Hace unos días, conversaba con una madrugadora amiga por el Messenger, y digo madrugadora porque como muchos limeños, ella tiene la costumbre de acostarse tarde y levantarse muy temprano… hábito de gente responsable, hábito del que me paro deshaciendo cada cierto tiempo. La conversación oscilaba básicamente en un pequeño problema (digo pequeño porque grandes ya he tenido), un problema que para mi por la novedad de este asunto, se me hacia difícil, y necesitaba el punto de vista femenino si o si para intentar solucionarlo.

Entre posiciones, negaciones y muchos “te lo dije” de manera indirecta, decidí dejar de hablar de eso con un simple frase en latín, razón por la cual cada vez que la veo me sigue preguntando ¿Qué es NON BIS IN IDEM? (para ella es un simple proverbio y principio legal… para mi significa algo mas).

Ya habiendo desviado la conversación, no se en que parte (en verdad no me acuerdo) ella termina con la frase “deséame suerte”, a lo que yo respondí instintivamente con un “la suerte no existe, solo lo que hacemos o no hacemos”. Ella inmediatamente respondió dándome la contra, preguntado en base a muchos sucesos suyos ¿Cómo no puedes creer en la suerte?... tu dices que es lo que hacemos o dejamos de hacer, pero ¿Qué pasa con las cosas que están fuera de nuestro control? ¿Acaso tu puedes o no puedes decidir un terremoto? (di una carcajada que quedo off record en la conversación virtual, es lo bueno del Messenger).

Pero en un momento mi risa se detuvo, me acorde de un evento en mi niñez, mi edad, no mas de doce años, jugábamos con una pelota de tenis en el pasaje trasero de la residencial donde vivo y la pelota fue a dar al techo con calaminas de uno de los bloques de la fábrica que colindaba con el pasaje. En si, la pelota terminaba ahí cada cinco minutos, pero en esa oportunidad me tocaba a mí ir por ella. Trepe por la pared, y empecé a caminar en la calamina, y como mi lógica no era tan pulida como hoy en día, camine por el medio de la calamina, no tomando en cuenta el porque mis compañeros caminaban por el borde nada mas.

Parado en medio del techo escuche en crack a mis pies, baje la mirada y me percate de que una grieta se estaba formando alrededor mió, era como una caricatura en la que el coyote esta parado en la punta de un peñasco, este se va quebrando y antes de terminar levanta un letrero que expresa su descontento por el tremendo dolor que esta a punto de sufrir. Lo recuerdo como si hubieran sido minutos en los que se quebraba esa calamina, cuando en verdad fueron segundos.

Caí en dos oscuridades, la habitación y mi inconciencia; no puedo decir cuanto tiempo estuve inconciente, pero no fue un lapso tan considerable. Las voces de mis amigos me despertaron, me encontraba de espalda en un piso de tierra, podía ver el agujero por donde había entrado; me incorpore y me di cuenta que estaba en una habitación llena de maquinas de cocer viejas, oxidadas y grandes, una de esas maquinas estaba a mi lado, con un montón de puntas y manubrios necesarios para su manejo. La caída había sido de un piso aproximadamente y luego de sobarme la espalda un buen rato, me levante y busque la forme de salir. Mis amigos habían hecho un hueco cerca al muro, y como al parecer la habitación era un depósito antiguo, encontré maderas y cajones que utiliza como escalera para llegar al borde de la pared.

Lleno de tierra y heridas en los brazos me fui a mi casa, me bañe y nunca se lo dije a mi madre hasta hace poco. Acordándome otra vez de ese momento fue que mientras mi amiga seguía escribiendo en la ventana, yo me pregunte ¿Cómo no caí encima de la maquina y me rompí la espalda? ¿Cómo no caí en un piso de cemento y me fracture la espalda, la cabeza o alguna parte del cuerpo?

A simple vista la respuesta es la de todos… SUERTE. Suerte que no caíste encima de esa maquina, suerte que era piso de tierra y no de cemento, suerte que no te rompiste ningún hueso.

Para alguien tan testarudo, terco y picón como yo, eso no es suerte. Si no caí en esa maquina es porque no di un paso mas, ya que sentí que la calamina se comenzaba a quebrar, si no caí en cemento, fue porque si, porque el diseñador de la fabrica había dejado ese lado de la fabrica con tierra, si no me rompí un solo hueso, fue porque el piso era de tierra y porque… porque era un niño fuertecito… en fin.

No sueno convencido ¿no?, bueno… sigo sin creer en la suerte y el destino, creo mas en la causalidad, pero sucesos como estos me hacen pensar; creo que por eso no soy de recordar mucho este evento, me hace pensar en eso que no creo.
Jaaaa… Espero no dar con fábricas que quieran convencerme de lo contrario mas adelante.

(Bryan Kabsther)
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martes 12 de agosto de 2008

¿Escuchaste?


Jano: Deja de mirarme, y hazlo.
Serin: Espera, va a decir algo…

Los ojos de la niña observaban con terror e impotencia, sus labios se comenzaron a abrir y en una mezcla de saliva y sangre dijo algo, que Jano y Serin no logran entender.

Serin: ¿que dijo?
Jano: Que chucha importa lo que dijo, clávasela de una vez que quiero meterme un polvito antes de irnos y no me vacila cuando patalean.
Serin: oe Jano, no seas pendejo, ya párala huevón…
Jano: parada la tengo… estoy esperando… ¿sabes utilizar eso no cojudo? (le señala el cuchillo), mira, lo agarras por este lado (presiona su mano empuñando el puñal), la punta hacia abajo (le levanta la mano y le muestra la punta de manera sarcástica) y PRAJ!!! (Jala el brazo de Serin y lo obliga a apuñalar a la niña en el pecho).
Serin: ¡MIERDA!... ¡MIERDA!...

La niña, sin emitir grito alguno, empezó a tener espasmos y tomo con fuerza el polo de Serin. Giraba la cabeza desesperadamente, como si en algún lado de la habitación pudiera encontrar escape del dolor que sentía. Poco a poco la fuerza con la que jalaba el polo de Serin se desvaneció hasta que sus ojos quedaron estáticos y su respiración se detuvo.

Jano: listo, ya vez… como decía mi abuelo; “no es tan difícil”.
Serin: Puta madre… Eres una mierda Jano, eres la peor mierda que existe...
Jano: ¿Qué chucha te pasa?
Serin: era una niña huevonazo, ¡esa chibola pudo haber sido tu hermana por la putamare!
Jano: putamare… tienes razón… esa chibola pudo haber sido hasta mi hija.
Serin: ¿ahora que vamos a hacer? ¿Es una niña huevón?
Jano: Puta si… (Lo palmea en el hombro) no debiste matarla huevón… ¡TE PASASTE!

Jano se puso de pie y cerró su cremallera.

Jano: la cagas imbecil, ya me quitaste las ganas… me la tendré que correr cuando llegue a mi casa…
Serin: eres una mierda… yo me voy.
Jano: toma tu parte, para que veas que soy hombre de palabra.
Serin: no… no quiero ese dinero.
Jano: ah, ¿que?, trabajas gratis... bueno, por mi no hay problema, pero no me vengas a pedir tu plata cuando ya no tengas con que comprar tu mierda.
Serin: (se mete la mano al bolsillo, moviéndola como si buscara algo)… putamare… pero es la última vez que hago una chamba contigo.
Jano: ¡ayy no!... no me dejes Serin, jajaja, ya necesitaras plata, y eres tan bruto que ni de serenazgo puedes chambear, así que mejor guárdate tus promesas.

Serin le da la espalda y se va, mientras Jano, aun parado al lado del cadáver de la niña, prendía un cigarro y comenzaba a contar billetes. De camino a casa, o al lugar donde dormía, Serin pensaba en como olvidar lo que acababa de hacer:

Serin: Carajo… Jano de mierda (se mete la mano en el bolsillo, estrujando los billetes), no hay manera de que haga algo sin matar a alguien, (se pone la mano en la boca con gesto de llanto y miedo), putamare… mate a la chibola…

Serin comenzó a buscar con la mirada un lugar donde perder la memoria un rato, donde poder tirar el dinero manchado que acababa de ganar. Al final de la cuadra se percato de un localcito con música, nada espectacular, un guarique a simple vista, pero que seguro tenían el objeto de su búsqueda… alcohol.

Pasando la puerta estaba el salón principal, un espacio de no más de doscientos metros cuadrados, lleno de mesas celestes con patas de metal, y en ellas, almas cabizbajas y seudo alegres mojando el gañote como si no hubiera un mañana.

Al final del Salón había una barra con algunas personas bebiendo y tratando de conversar en medio de la bulla y el hedor a orines que provenía del baño al lado. Serin camino hacia la barra, mirando las botellas en la pared; había dinero al fin y al cabo, y a el le gustaba tomar. En el corto camino hacia su asiento sintió una interrupción, algo detenía el movimiento cuasi involuntario hacia el barman, al girar la mirada se dio cuenta se había tropezado con un sujeto que se dirigía al baño. El tipo, de contextura y tamaño promedio, le puso la mano en el hombro en señal de disculpa, pero, antes de que pudiera decirlas, Serin en un arranque de violencia, empujo la mano en su hombro y tomo la solapa del desconocido; mas que una expresión de rabia o abusonería, la expresión de Jano era de miedo, quito al sujeto de su vista con un jalón y prácticamente lo dejo en la puerta del maloliente baño. Llego a aquel lugar vacío en la barra, jalo una silla y se sentó, apoyando la cabeza en las manos, tratando de sacar de su cuero cabelludo aquellas imágenes que lo trajeron hasta ese lugar.

Serin: Pisco…
Barman: Sour?
Serin: Puro… ¿tú crees que voy a venir a tomar pisco sour a esta pocilga?
Barman: … (Prepara el pisco en un shot)… ahí tiene.
Serin: Dámelo en un vaso de whisky y llénalo.
Barman: el pisco sale en estos va…
Serin: (saca un billete de cincuenta soles), pero yo lo quiero en un vaso de whisky y no quiero un shot, quiero un vaso lleno.

El barman tomo los cincuenta soles, y le sirvió el vaso de pisco. Serin puso un cigarro en su boca, estaba dispuesto a prenderlo, cuando un encendedor le gano la partida al suyo. Era una morena, a simple vista, con un cuerpo despampanante, pero ocultado bajo prendas largas.

Mujer: vaya manera de tomar pisco…
Serin: vaya manera de prender cigarros a desconocidos
Mujer: Se llama cordialidad de la casa (rie), y que te trae por acá.
Serin: La sed.
Mujer: pues cara de sediento no tienes
Serin: (la mira directamente a los ojos, con animo de asustarla)… ¿y cara de que tengo?
Mujer: mmm… de cansado. Si, de cansado.
Serin: ah… bueno, quizás tengas razón, la verdad no duermo bien hace días.
Mujer: (se acerca y soba la entrepierna de serin)… no hablaba de ese cansancio (encuentra lo que buscaba y lo aprieta)…
Serin: heeey, vaya manera de… wow… me esta gustando la cordialidad de esta casa
Mujer: (se rie, se para y comienza a caminar hacia la puerta del bar, ya en la puerta lo mira, y con la cabeza le da la señal que el esperaba).

Serin se levanto del asiento, bebió el vaso de pisco de un solo sorbo y siguió a la mujer. Salio del bar y vio a la mujer en la siguiente cuadra, por lo que apuro el paso. Antes de cruzar la esquina comenzó a sentir dolores de cabeza, pero como el cazador tenia una presa delante, lo atribuyo al mal pisco de la cantina. Siguió tras la morena, y cada vez se sentía mas cansado, a pesar de estar caminando, ya no era solo el dolor de cabeza, era la visión borrosa, el cosquilleo en la palma de las manos, el entumecimiento de las piernas... de un momento a otro solo podía ver el cemento y unas botas frente a el.

Serin: ¿Qué paso?... ¿Qué…? (intenta moverse… pero el dolor lo detiene) AAAHHHHHH…. ¡MIERDA!

Serin no lo entendía, mientras la luz se hacia cada vez mas amigable a sus ojos, se dio cuenta de su situación, se encontraba de pie en una plataforma de metal, sus manos y pies se encontraba sujetados con grilletes de metal con agujas gruesas en el interior que impedía a Serin moverse, desgarrándole la carne en cada intento.

Cansado de intentarlo, distensiona su cuerpo y solo llora, de dolor, de miedo.

Serin: ¡AYUDA!, POR FAVOR, AYUDENME.
Voz: ¿no has escuchado eso antes?

Serin dirigió su mirada hacia la puerta, de donde provenía la voz, en ese momento se percato de la decoración a su alrededor; paredes pintadas con sangre y piel humana a primera vista, en una esquina de la habitación una mesa de metal con un cadáver. Serin no soporto la sobrecargada recuperación de sus sentidos y vomito... el cadáver no tenia piel, eran solo vísceras, carne y hueso. La reacción natural de Serin luego de vomitar fue mirar a otro lado, pero su sorpresa fue mayor cuando se percato de que en las pieles humanas colgadas en la pared había dibujos que las hacían familiares… era Jano, Serin gritó.

Voz: ¿te gusta como decoré todo?
Serin: ¿Quien eres?... ¿Quién eres?

De la puerta a oscuras salio un sujeto con ropa negra, de tamaño promedio y de contextura promedio, con una pañoleta de los Misfits en el rostro. Se acerco a Serin y se bajo la pañoleta.

Serin: TU!, CONCHATUMADRE… SUELTAME…

Era el extraño del bar, el que fue a parar de manera acelerada al baño gracias a el.

Serin: Suéltame por favor, ¡perdóname! No quise hacerte daño…
Hombre: no te preocupes, no lo hiciste.
Serin: Sueltame entonces… ¿Por qué me haces esto?
Hombre: ¿Escuchaste lo que dijo?
Serin: ¿ah?, ¿Quién? ¿De que hablas?.
Hombre: ¿Escuchaste lo que dijo ella?
Serin: no se de que hablas... por favor, déjame ir.

El hombre lo miró fijamente a los ojos, luego de un momento le esbozo una sonrisa, saco de su cinturón un cuchillo y le hizo un corte en la axila, prosiguió por el hombro haciéndole una perfecto corte circundante entre el brazo y el tórax. Serin gritó mientras de su axila emanaba sangre.

Hombre: ¿Sabes lo que dijo antes de que le atravesaras ese cuchillo?
Serin: (pasa de un estado de casi desmayo a alerta).
Hombre: dijo… (Riéndose)… ¿Por qué me haces esto? (se rie otra vez) ¿no te parece irónico?
Serin se quedo sin habla y antes que pueda recuperarla el sujeto volvió a tomar su cuchillo y se lo clavo en el pecho, No pudo gritar y lo último que vio fue al sujeto darse la vuelta y salir de la habitación.

(Bryan Kabsther)
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lunes 11 de agosto de 2008

Cuando la inspiración llega


Y de repente
cuando la inspiración llega
digo, las ganas de escribir
de insultar
de escaparme
o de morir
uno llega asumir lo dicho por los hombres
y con asumir quiero decir
burlarse
repetir
entristecerse
o vanagloriar
el hacer absurdo de la vida
de los ojos de papel que me observan
de las palabras como demonios
que se escupen desde el fondo...

Y de repente
uno vuelve al quehacer de la vida espontánea
o cotidiana
que justifica mi muerte
o la muerte que justifica mi vida
o la esperanza denodada que asumen mis pasos

(Joel Cáceres)
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