
-Oye… ¿en qué estas?- un mensaje de texto en mi celular me saca de mi partida de Counter Strike. Era Carlos, o “el Che” como lo llamábamos por acá. A las tres de la tarde de un lunes era raro que me buscara para perder el tiempo… bueno, yo también tenía ganas de perderlo.
-Aquí en mi casa, ¿Qué hay?- le respondí.
-Oe hazme la taba al cementerio el ángel- contesto de vuelta. No entendía para que quería ir al cementerio, lo cierto es que yo no estaba con las ganas de ir, era muy lejos y ya se hacia tarde.
-jajaja, eres pendejo… ¿para qué quieres ir y cuando?- respondí.
-Dentro de un toque, tengo que hacer una crónica. Puede ser eso, o estar mirando a un policía de tránsito un buen rato y escribir algo sobre eso- me pareció mas sensato (y mas aburrido también) que ir hasta el agustino a las tres de la tarde.
-Vamos a las Begonias o a Javier Prado a observar a los tombos, de paso que pago un recibo por ahí- así mataba dos pájaros de un tiro, hacia algo un lunes por la tarde y cumplía con honrar mis deudas.
-Ya ¿a qué hora?-contesto el Che.
-A las tres y media-.
Luego de ducharme rápido, el Che toco mi timbre. Mientras caminábamos me comentaba sobre trabajo, tenía que hacer una crónica de dos mil palabras tomando como fuente una visita al cementerio El Ángel, al estadio, a un concierto u observar a un policía de tránsito. Como dije antes, lo último era lo más simple. Luego de dejar claro lo que íbamos a hacer, seguimos conversando de otras cosas, como sobre su nueva obsesión con la vocalista de Paramore (una banda de rock), el concierto de los Fabulosos Cadilacs, el cumpleaños del chino.
Luego de pagar mi recibo en Movistar, nos sentamos en una baranda frente a la cebra que nos separaba del módulo del policía de tránsito. Prendí un cigarro y nos pusimos a observar.
-Trata de observar primero lo más común, su ropa por ejemplo, describe como esta vestida- le dije al Che. Mientras el la observaba, yo seguía fumando, los microbuses pasaban dejando una estela de humo tan negra como mis zapatillas; eso me hacia pensar en la cantidad de humo que los policías deben aspirar al día, el daño que eso les debe causar no solo en el sistema respiratorio, si no también en otras áreas (como la epidermis) debe ser alucinante, sin contar con la contaminación sonora (y eso que aún no estábamos en hora punta). No se si serán gajes del oficio… pero esa es una de las razones por las que nunca seria policía.
Sus expresiones denotaban todo lo contrario a lo que me esperaba, en vez de estar estresadas, amargadas y tensas, mostraban una sonrisa de oreja a oreja, pero eso no hacia que desnivelaran la fuerza con la que levantaban la mano para brindar fluidez al tránsito. Ambas seguían hablando de rato en rato sin perder el ojo vigía sobre los autos, y sin parar de reírse; le comentaba al Che sobre el rol que había tomado la mujer policía en la sociedad peruana (sobre todo en la limeña). Pasaron de ser la excepción en las fuerzas policiales a ser lo suficientemente reconocidas como para tener su propia serie de televisión en un canal local, y es que las oficiales han demostrado que no solo tiene que trabajar yendo en contra de una cultura de corrupción, si no también, y mas arraigado aún, ante un machismo predominante.
Boté mi cigarro, y un taxi con el volumen extremadamente alto se detuvo frente a nosotros, la rica cumbia estaba en todos lados. Luego de que el taxi desvió mi atención, pude observar que la publicidad sobre ruedas se había propagado impresionantemente, no había micro que no tuviera anuncios; condones TQM (incluso en xl), L’bel, Esika y una infinidad de productos y servicios.
-bueno, ya saque algo- dijo el Che.
-hey mira, los serenos están botando a esos patas que están haciendo propaganda- los serenos haciendo su trabajo… era San Isidro.
-esos serenos… ya no hay mucho que ver con esta tombita- la verdad, era muy aburrido verlas. Como decía el Che, no había acción.
-¿Porque no nos movemos hacia otro punto?, vamos a Javier Prado con Petit Thours- debido a la reparación de carreteras en Lima, el cruce de Javier Prado con Petit Thours se había convertido en una desviación necesaria, donde todos los automovilistas a hora punta tenían el tiempo suficiente para leer el periódico mientras el tráfico avanzaba a dos metros por hora.
Caminábamos por Saga Falabella de San Isidro, cuando un bólido temerario pasa rozando el brazo del Che, a lo que el responde con un simple “chibolo de mierda… casi me choca”, era un “skater”, no tendría mas de catorce años, utilizaba unas zapatillas gruesas (las llamadas Hamburguesas), un Jean plomo bien ceñido, y una camisa negra, sus manos estaban negras producto de todas las caídas (que imagino deben ser muchas) propias de su deporte. Luego de maldecirlo, una caravana de patinadores lo siguió, todos entre los doce y los dieciocho, se pusieron a hacer piruetas en la puerta de Saga y justo cuando los de seguridad intentaban agarrarlos, ellos tomaban vuelo y saltaban los escalones de la entrada principal.
Entre Ripley y Saga (Las begonias y Andrés Reyes), un policía en un módulo intentaba dirigir el tránsito, nos causo el risa el hecho de que uno de los cimientos del módulo se encontraba destruido, nos imaginábamos el momento en que una de las patas del módulo cediera y el oficial se fuera en picada directo a la pista… de controlador a controlado. Un taxista intenta cruzar antes del ademán de pare, pero no llega y se queda estancado en la cebra, el policía toca el pito, con las manos le señala que retroceda, y el taxista solo atina a levantarle la mano en señal de “no jodas”. El policía solo le respondió “retroceda”, y el taxista seguía diciendo frases como “solo saben joder carajo”, el oficial respondió “a ver pues, tú ponte acá y haz mi trabajo”.
La caravana de skaters comenzó a cruzar la cebra y el muchacho de camisa negra se quedo ya que el policía le dio paso a los autos, mientras los autos pasaban y el policía hacia señas de “siga adelante”, el skater hacia señales contrarias, “deténgase”, señalaba al policía y decía “ese no sabe”. El oficial al darse cuenta dice en voz alta “¿que quieres?, ¿pasar?”, y da el paso a los peatones, el skater deja el infantilismo propio de su edad (y de los golpes seguro) y le agradece con un “¡Chevere!”. Cuando pasó por nuestro lado, sentí que el chico olía a marihuana (vivir en surquillo me había hecho reconocer ese aroma a leguas).
-A la fuck… ta que el chibolo apesta a hierba huevón- justo después que paso le comento al Che.
-Fuera huevón, seguro es sudor- respondió mientras seguía escribiendo.
-¿De acá en cuando el sudor huele a marimba? Se han metido su bate antes de venir a montar… bueno no se si todos, pero el de negro al menos apesta- dije.
-Oe son chibolitos-respondió el Che.
-¿y?, como si no hubiéramos visto antes a mocositos meterse huevadas- como dije antes, vivir en surquillo cambiaba la percepción de cualquiera. A pesar de que el alcalde y la policía pregonaban aires de cambios, la criminalidad seguía en aumento, no era notoria como en los años noventa, pero seguía creciendo, los robos al paso y el tráfico ilícito de drogas hacían que la cifra negra se desborde en surquillo.
Luego de un rato, la labor del policía también se había vuelto monótona, así que decidimos movernos hacia Javier Prado con Petit Thours. En el camino vimos a los skaters en un parque, dando saltos y filmando sus hazañas. Al llegar al punto antes mencionado, nos sentamos en el jardín de una farmacia.
-oe no hace nada tampoco este tombo- me dijo el Che.
-no creo que haga mucho hasta las seis, y esa hora va a ser muy difícil que consigas una foto o un rato para hablar con el, oe a todo esto, ¿sabias qué en uno de estos edificios, en el último piso, hay un policía vigilando la afluencia total del tránsito, por toda la avenida Javier Prado?- pregunté.
-¿Qué si?, no lo sabia-
-sería paja si pudiéramos conversar con el tombo que esta de vigía en ese edificio y tener una foto de la vista- pero como no me acordaba donde estaba el edificio, intervenimos a dos policías que estaban conversando con un transeúnte.
-Disculpe oficial, somos estudiantes universitarios de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de San Martín de Porres, y estamos haciendo una crónica sobre los policías de tránsito- tremenda mentira, yo ya había terminado mi carrera y no era comunicaciones si no derecho.
-¿En que les puedo servir?- el policía, muy atento se dispuso a absolver las dudas que tuviéramos.
-Nosotros habíamos escuchado que en un edificio se posiciona un policía a vigilar el tránsito, queríamos saber ¿en que edificio exactamente? y ¿si podemos acceder para tomar algunas fotos y conversar con el oficial?-
-Mmmmm la verdad no creo, veras, la dirección del tránsito en Lima esta en manos del Escuadrón Fénix, tendrías que enviar un oficio y pedir acceso- más procedimientos, ya estaba hasta los tuétanos de procedimientos.
-¿Pero no podemos acceder de otra manera?- pregunto el Che, empeñado en conseguir una conversación y una foto con el policía del edificio.
-Mira, en ese edificio es donde esta el policía, si vas y hablas con el encargado en el edificio, fácil te dejan subir- el policía nos había dado el permiso para buscar nuestro camino, solo teníamos que pasar las puertas.
Nos acercábamos al edificio, y a lo lejos pude ver al efectivo con sus binoculares observando todo el tráfico de Javier Prado, le explicaba al Che que preparara las preguntas que le iba a hacer. Justo delante de nosotros entraba un oficial, asumí para dar relevo a su colega. Entramos al edificio y hablamos con el vigilante; no podíamos pasar ya que los últimos pisos le pertenecía a unas compañías que tenían sus oficinas ahí. Nos explico que podíamos esperar a que baje el oficial y preguntarle si podíamos subir, así que nos sentamos afuera y esperamos.
El policía salio, y el Che se acerco:
-Que tal, Soy Carlos Quinto de la revista Veritas de la Universidad de San Martín de Porres, estoy haciendo una crónica sobre los policías de tránsito y ¿quería saber si podíamos subir a conversar un momento con el oficial que se encuentra arriba y tomar unas fotos de la vista de Javier Prado?- saco su Carné universitario, tratando de impresionar al oficial, a parte para que se creyera que de verdad hacíamos una crónica para la revista Veritas, cuando en verdad el buscaba hacer una crónica para su clase de redacción periodística y yo una crónica para publicarla en Sorbos, Colillas y Letras.
-No, no puedes, lo que pasa es que esos pisos son de unas empresas y a ellos tienes que pedirles permiso- nos cerraron la puerta, pero no nos sentíamos mal, teníamos buen material para hacer mas de dos mil palabras, pero la foto desde ahí hubiera sido la cereza en la torta.
Decidimos regresar a Las begonias y Andrés Reyes, al módulo con flojos cimientos. Esta vez el eran dos policías. Nos sentamos a un par de metros, justo al frente de la cebra y comenzamos a observar. El policía que estaba fuera del módulo se puso frente a la cebra y toco el pito ante un conductor que se quería pasar la cebra, “la gente no le tiene miedo a la papeleta” dijo, y hasta cierto punto era cierto, pero también era irónico ver en SAT a los conductores multados haciendo colas, pidiendo prórrogas y regañando por esa multa que se ganaron al tenerle miedo a las papeletas. El conductor peruano no es temerario, suele ser como alguna vez me dijo mi profesor de Contratos, “un enano mental”.
Luego de observar y apuntar, el Che decidió que hasta ahí tenia buen material para hacer su trabajo, así que nos metimos al Mc. Donald’s a comprar un helado de chocolate. Mientras comíamos, el decidía que nombre ponerle a su crónica, y aún mas importante, como tomarse una foto con un policía. Yo pensaba en como justificar el gasto extra que estaba haciendo con el dinero que me había dejado mi madre a administrar mientras estaba de viaje en España.
Salimos de Mc. Donald’s tomamos el camino de regreso a la residencial San Pedro, nuestro hogar. Pero de algo se olvidaba el Che, la foto. Justo cuando la desidia, el cansancio y el frío nos hacia desistir de la idea, vimos a dos policías desocupados caminando, decidimos darles el alcance. Nos llevaban la ventaja de aproximadamente una cuadra, así que para alcanzarlos decidí meterme entre los carros, el Che me miro atónito y comenzó a correr por la vereda. Nos dimos el encuentro justo unos metros atrás de los policías y los alcanzamos. El Che uso el mismo cuento de “el reportero de la revista”, y el policía nos respondió con un seco “no, no, no”. Se dio la vuelta y siguió caminando. No pudimos acceder al edificio, no pudimos tomarnos fotos con un policía, al parecer era más fácil hacer una crónica sobre el cementerio, tenía más vida, más cosas que contar, mas ganas de responder y los muertos no nos iban a negar una foto.
-Ya fue pes, luego me tomo una foto, al menos ya tengo la crónica- hablaba el Che.
-¿Por qué no habrá querido que le tomen una foto?-
-Porque ha de pensar que estamos haciendo alguna tarea de fiscalización como reporteros, o que queremos hacer chongo como hacen con los congresistas, y si ellos salen en una foto los cagan- la explicación del Che era la única, al parecer-¿oe y tu no tienes respeto por tu vida no?
-¿por?-
-Te metiste entre los carros huevón- lo dijo entre risa y seriedad.
-ahhh pero ya estaba parado el tráfico, me di cuenta que el tombo se había parado al frente pes- en verdad no lo había hecho, simplemente me tire al tráfico.
-Fuera huevón, comenzaste a correr y a zigzaguear mientras el tráfico avanzaba-
De regreso a la residencial, le decía al Che que la crónica prácticamente la había hecho yo (a manera de broma obviamente) y el entre risa y risa quedo en mencionarme en su crónica, previa felicitación ya que sin mi ayuda no hubiéramos ido de lado a lado buscando incluso al policía del edificio. Y eso me hace pensar que los verdaderos cronistas (no los que juegan a escribir como yo) tienen un trabajo muy bueno y muy tedioso a la vez. Bueno ya que hacen trabajo de campo dándole magia incluso a lo mas cotidiano y tedioso porque tienen que estar preparados para hacer todo lo posible para conseguir su historia y eso no solo debe implicar caminar y observar por muchas horas, bueno eso no es malo… son simplemente gajes del oficio.
Bryan Kabsther
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