jueves 30 de octubre de 2008

Casita de mi vida


Casita corroída
de amarillentas paredes,
fruto del trabajo
de las manos de mi padre.

Tú que has sentido
mis primeros pasos,
mis cantos a la luna
y mis jóvenes temores,
¿te acuerdas hoy, casita,
de este antiguo infante,
que corría por tus patios
tomando agua de coco?

¿Te acuerdas de aquel hoyo
que hice en tu cerca,
por donde me escapaba
de los pasos de mi madre?

Hoy estas herida
casita de mi vida.

No te he visitado,
ni te di las gracias.

¿Cuánto tiempo hace
que ya no disfruto
de tu puerta de lata
y tu tuchpa caliente?

Casita de mi vida
no sabes cuanto anhelo
el volver a estar
en tus verdes huertas,
graneando el cacao
junto con mi niñez
y comiendo de tus frutos
en complicidad con ella.

Y volver al tiempo
cuando me expresaba
sin temor y sin vergüenza
en los brazos de mi madre.

Y volver al tiempo
cuando me escuchabas
en mis primeros cantos:
“Luna lunera, cascabelera…”
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martes 14 de octubre de 2008

Poema para un llanto desolado


Tuve miedo de perder lo querido
tanto que insensibilicé mi llanto antes de tiempo;
es cierto, tuve tanto miedo
que me quedé en silencio

Y mientras te escribo
evoco tus pies y tu sexo
tu compañía y tu feroz candor
que bastaban para hacer de mi voz, tu voz

Lamento no haber dejado yo algo en ti,
ni mis versos, ni mi sexo, ni mi voz;
lo lamento tanto
que podría desentenderme del tiempo

Porque has de saber
que siempre fui tuyo y tú mía
que a veces te amaba y odiaba con locura
y que nunca te quise perder del todo

Y aún cuando te escribo
una sensación extraña me impide
me frustra, me castra
las ganas de decir que no te lloré por puro orgullo

Pero te amé como a pocos amé y amaré
y aunque torpes intentos de amor mostré
era todo lo que podía dar.

Espero perdones mi imperfección
(que más da, yo perdoné la tuya)
y mi precipitación a perderte
no supe amar como tú lo querías
ni llorar frente a la gente

Digamos pues que me regalo este poema
en firme intención
de gritarte te amo por ultima vez
y consolar mi desolado llanto.


Hector R. Ccahua
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jueves 9 de octubre de 2008

Catarsis


Las mañanas de estos últimos días tiene que ser producto de un mal aventurado sueño en el que me he estado envolviendo sin darme cuenta. Pero eso es harina de otro costal por así decirlo, lo que perturba más aún dichas mañanas, extiende la modorra y las alimenta con grandes dosis de mal humor, rabia e indignación es nuestro bien ponderado sistema de transporte publico.

Me animaría a decir que luego del terrorismo y la corrupción política, el transporte público se ha convertido en uno de los más grandes males de la sociedad peruana. Y es que solo basta darle un vistazo a quienes son los encargados de nuestro diario transitar las calles para darse cuenta del tremendo rollo que todo esto trae consigo. Y digo que es un problema porque las personas que hacen uso diario de este servicio y quienes no lo hacen también lo padecen, ya que uno no se libra del problema solo por tener su carrito, no, porque se los va a topar en las carreteras sí o sí.

La gente se enferma, se trastorna y en ocasiones arremete. Los transportistas en mi percepción son los principales culpables del caos vehicular y sobre todo de la mala atención a la que nos vemos sometidos y el infortunio de llegar a nuestro destino de mal humor o indignado como ya lo dije; estos “hijos de puta” como cariñosamente los llamo, pues son más responsable de la situación de lo que se podría pensar, porque para ser totalmente justos, las pistas, los combustibles, las autoridades, los policías (ay los policías), los transeúntes y el parque automotor contribuyen también a todo el caos reinante, pero no son el principal problema desde mi muy modesto punto de vista.

Y nuevamente remito al lector a la realidad para constatar el severo problema en el que nos vemos inmersos, los hijos de puta estos (de puta deben ser hijos, ya que el oficio no les permitía compartir mayor tiempo con ellos para darles una educación por lo menos consistente o quizás ni siquiera hayan tenido madre) cuentan entre su repertorio con la más execrable desfachatez criolla para cagar a la gente en todos los aspectos, desde los pasajes y la manera insolente de trato, hasta la mal intencionada manera de conducir y el irrespeto total por las vidas ajenas que tienen como responsabilidad. Pero como se le puede pedir responsabilidad a sujetos en su gran mayoría (porque como se sabrá ya, no se trata de generalizar, ni echar en un mismo costal a todos, sino de describir con lo que se convive a diario, que inevitablemente es la gran mayoría) muy probablemente tengan a la anomia como explicación de su comportamiento habitual en sus horas de trabajo y en su vida hogareña, así como un egoísmo casi endémico del cual sí son víctimas y no victimarios, pero del cual también se aprovecha hasta el hartazgo.

El transporte público y en especial los muy hijos de puta de los transportistas son los causantes de ulteriores perjuicios a la población en general, ya que además del mal rato que significa pasar el tiempo en una unidad, sea cual sea el formato del vehículo, se tiene que convivir con un tráfico terrible en casi cualquier punto de la ciudad, causado, además de lo dicho, por la falta de respeto total a las normas viales de parte de nuestros ejemplares transportistas y, hay que decirlo también, por gran parte de los parroquianos que conducen un auto o unidad vehicular que manejan de una manera absolutamente bestial por no decir menos. Asimismo el público usuario, o sea cada uno de nosotros que aún no tenemos el dinero suficiente para comprar un auto (aunque ya explique que ni aún así nos libraríamos del todo del problema) nos vemos obligados a movilizarnos en esta maquinaria vil y enfermiza porque no nos queda de otra.

Ejemplos los hay muchos, basta con recordar algún desencuentro dentro de algún microbús, combi, coaster (si así se escribe), taxi o taxi colectivo y hasta mototaxi en el cual hayamos estado esta semana y hayamos experimentado ya sea de manera directa o indirecta, siendo nosotros los que hayamos discutido o incluso reclamado un justo derecho violentado, o sido los espectadores de un bochornoso incidente entre el hijo de puta del cobrador con algún universitario que no deberíamos estar dispuestos a soportar.

Inevitablemente surge la pregunta, ¿Por qué el transporte público tiene que estar a cargo de estos reverendos hijos de la gran puta madre? Y se me ocurre una única respuesta casi de inmediato y que luego de analizarla suena aún más coherente, y es que cada pueblo o sociedad se merece lo que tiene como autoridad, gobernante, profesionales, policías, políticos y en este caso transportistas públicos. Nos lo merecemos y que esto quede claro, el transporte no es más que el fiel reflejo de una sociedad hasta el reverendo culo, de la cual soy parte, pero cuanto daría por no serlo.

¿Soluciones por allí? Yo tengo algunas propuestas, pero lamentablemente atentarían los derechos humanos de estos hijos de puta, así es que como este texto se trata de una catarsis solamente, lo dejaré allí, en suspenso. Me siento en la obligación de remitir al lector a escuchar una maqueta autogestionada de un grupo de rock peruano de los ochenta, poco conocido como es obvio para los oídos más delicados, la maqueta se llama Primera Dosis y el grupo Narcosis y queda como tarea escuchar la muy actual canción El Microbús, para darse una idea de que este problema no es solo de ahora, sino que tiene un tiempito ya de joderle la vida a propios y extraños.


Hector R. Ccahua Leer más...

martes 7 de octubre de 2008

A LA POLICIA SE LA RESPETA (Crónica de una crónica)


-Oye… ¿en qué estas?- un mensaje de texto en mi celular me saca de mi partida de Counter Strike. Era Carlos, o “el Che” como lo llamábamos por acá. A las tres de la tarde de un lunes era raro que me buscara para perder el tiempo… bueno, yo también tenía ganas de perderlo.

-Aquí en mi casa, ¿Qué hay?- le respondí.
-Oe hazme la taba al cementerio el ángel- contesto de vuelta. No entendía para que quería ir al cementerio, lo cierto es que yo no estaba con las ganas de ir, era muy lejos y ya se hacia tarde.
-jajaja, eres pendejo… ¿para qué quieres ir y cuando?- respondí.
-Dentro de un toque, tengo que hacer una crónica. Puede ser eso, o estar mirando a un policía de tránsito un buen rato y escribir algo sobre eso- me pareció mas sensato (y mas aburrido también) que ir hasta el agustino a las tres de la tarde.
-Vamos a las Begonias o a Javier Prado a observar a los tombos, de paso que pago un recibo por ahí- así mataba dos pájaros de un tiro, hacia algo un lunes por la tarde y cumplía con honrar mis deudas.
-Ya ¿a qué hora?-contesto el Che.
-A las tres y media-.

Luego de ducharme rápido, el Che toco mi timbre. Mientras caminábamos me comentaba sobre trabajo, tenía que hacer una crónica de dos mil palabras tomando como fuente una visita al cementerio El Ángel, al estadio, a un concierto u observar a un policía de tránsito. Como dije antes, lo último era lo más simple. Luego de dejar claro lo que íbamos a hacer, seguimos conversando de otras cosas, como sobre su nueva obsesión con la vocalista de Paramore (una banda de rock), el concierto de los Fabulosos Cadilacs, el cumpleaños del chino.

Luego de pagar mi recibo en Movistar, nos sentamos en una baranda frente a la cebra que nos separaba del módulo del policía de tránsito. Prendí un cigarro y nos pusimos a observar.

-Trata de observar primero lo más común, su ropa por ejemplo, describe como esta vestida- le dije al Che. Mientras el la observaba, yo seguía fumando, los microbuses pasaban dejando una estela de humo tan negra como mis zapatillas; eso me hacia pensar en la cantidad de humo que los policías deben aspirar al día, el daño que eso les debe causar no solo en el sistema respiratorio, si no también en otras áreas (como la epidermis) debe ser alucinante, sin contar con la contaminación sonora (y eso que aún no estábamos en hora punta). No se si serán gajes del oficio… pero esa es una de las razones por las que nunca seria policía.

Sus expresiones denotaban todo lo contrario a lo que me esperaba, en vez de estar estresadas, amargadas y tensas, mostraban una sonrisa de oreja a oreja, pero eso no hacia que desnivelaran la fuerza con la que levantaban la mano para brindar fluidez al tránsito. Ambas seguían hablando de rato en rato sin perder el ojo vigía sobre los autos, y sin parar de reírse; le comentaba al Che sobre el rol que había tomado la mujer policía en la sociedad peruana (sobre todo en la limeña). Pasaron de ser la excepción en las fuerzas policiales a ser lo suficientemente reconocidas como para tener su propia serie de televisión en un canal local, y es que las oficiales han demostrado que no solo tiene que trabajar yendo en contra de una cultura de corrupción, si no también, y mas arraigado aún, ante un machismo predominante.

Boté mi cigarro, y un taxi con el volumen extremadamente alto se detuvo frente a nosotros, la rica cumbia estaba en todos lados. Luego de que el taxi desvió mi atención, pude observar que la publicidad sobre ruedas se había propagado impresionantemente, no había micro que no tuviera anuncios; condones TQM (incluso en xl), L’bel, Esika y una infinidad de productos y servicios.

-bueno, ya saque algo- dijo el Che.
-hey mira, los serenos están botando a esos patas que están haciendo propaganda- los serenos haciendo su trabajo… era San Isidro.
-esos serenos… ya no hay mucho que ver con esta tombita- la verdad, era muy aburrido verlas. Como decía el Che, no había acción.
-¿Porque no nos movemos hacia otro punto?, vamos a Javier Prado con Petit Thours- debido a la reparación de carreteras en Lima, el cruce de Javier Prado con Petit Thours se había convertido en una desviación necesaria, donde todos los automovilistas a hora punta tenían el tiempo suficiente para leer el periódico mientras el tráfico avanzaba a dos metros por hora.

Caminábamos por Saga Falabella de San Isidro, cuando un bólido temerario pasa rozando el brazo del Che, a lo que el responde con un simple “chibolo de mierda… casi me choca”, era un “skater”, no tendría mas de catorce años, utilizaba unas zapatillas gruesas (las llamadas Hamburguesas), un Jean plomo bien ceñido, y una camisa negra, sus manos estaban negras producto de todas las caídas (que imagino deben ser muchas) propias de su deporte. Luego de maldecirlo, una caravana de patinadores lo siguió, todos entre los doce y los dieciocho, se pusieron a hacer piruetas en la puerta de Saga y justo cuando los de seguridad intentaban agarrarlos, ellos tomaban vuelo y saltaban los escalones de la entrada principal.

Entre Ripley y Saga (Las begonias y Andrés Reyes), un policía en un módulo intentaba dirigir el tránsito, nos causo el risa el hecho de que uno de los cimientos del módulo se encontraba destruido, nos imaginábamos el momento en que una de las patas del módulo cediera y el oficial se fuera en picada directo a la pista… de controlador a controlado. Un taxista intenta cruzar antes del ademán de pare, pero no llega y se queda estancado en la cebra, el policía toca el pito, con las manos le señala que retroceda, y el taxista solo atina a levantarle la mano en señal de “no jodas”. El policía solo le respondió “retroceda”, y el taxista seguía diciendo frases como “solo saben joder carajo”, el oficial respondió “a ver pues, tú ponte acá y haz mi trabajo”.

La caravana de skaters comenzó a cruzar la cebra y el muchacho de camisa negra se quedo ya que el policía le dio paso a los autos, mientras los autos pasaban y el policía hacia señas de “siga adelante”, el skater hacia señales contrarias, “deténgase”, señalaba al policía y decía “ese no sabe”. El oficial al darse cuenta dice en voz alta “¿que quieres?, ¿pasar?”, y da el paso a los peatones, el skater deja el infantilismo propio de su edad (y de los golpes seguro) y le agradece con un “¡Chevere!”. Cuando pasó por nuestro lado, sentí que el chico olía a marihuana (vivir en surquillo me había hecho reconocer ese aroma a leguas).

-A la fuck… ta que el chibolo apesta a hierba huevón- justo después que paso le comento al Che.
-Fuera huevón, seguro es sudor- respondió mientras seguía escribiendo.
-¿De acá en cuando el sudor huele a marimba? Se han metido su bate antes de venir a montar… bueno no se si todos, pero el de negro al menos apesta- dije.
-Oe son chibolitos-respondió el Che.
-¿y?, como si no hubiéramos visto antes a mocositos meterse huevadas- como dije antes, vivir en surquillo cambiaba la percepción de cualquiera. A pesar de que el alcalde y la policía pregonaban aires de cambios, la criminalidad seguía en aumento, no era notoria como en los años noventa, pero seguía creciendo, los robos al paso y el tráfico ilícito de drogas hacían que la cifra negra se desborde en surquillo.

Luego de un rato, la labor del policía también se había vuelto monótona, así que decidimos movernos hacia Javier Prado con Petit Thours. En el camino vimos a los skaters en un parque, dando saltos y filmando sus hazañas. Al llegar al punto antes mencionado, nos sentamos en el jardín de una farmacia.

-oe no hace nada tampoco este tombo- me dijo el Che.
-no creo que haga mucho hasta las seis, y esa hora va a ser muy difícil que consigas una foto o un rato para hablar con el, oe a todo esto, ¿sabias qué en uno de estos edificios, en el último piso, hay un policía vigilando la afluencia total del tránsito, por toda la avenida Javier Prado?- pregunté.
-¿Qué si?, no lo sabia-
-sería paja si pudiéramos conversar con el tombo que esta de vigía en ese edificio y tener una foto de la vista- pero como no me acordaba donde estaba el edificio, intervenimos a dos policías que estaban conversando con un transeúnte.

-Disculpe oficial, somos estudiantes universitarios de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de San Martín de Porres, y estamos haciendo una crónica sobre los policías de tránsito- tremenda mentira, yo ya había terminado mi carrera y no era comunicaciones si no derecho.
-¿En que les puedo servir?- el policía, muy atento se dispuso a absolver las dudas que tuviéramos.
-Nosotros habíamos escuchado que en un edificio se posiciona un policía a vigilar el tránsito, queríamos saber ¿en que edificio exactamente? y ¿si podemos acceder para tomar algunas fotos y conversar con el oficial?-
-Mmmmm la verdad no creo, veras, la dirección del tránsito en Lima esta en manos del Escuadrón Fénix, tendrías que enviar un oficio y pedir acceso- más procedimientos, ya estaba hasta los tuétanos de procedimientos.
-¿Pero no podemos acceder de otra manera?- pregunto el Che, empeñado en conseguir una conversación y una foto con el policía del edificio.
-Mira, en ese edificio es donde esta el policía, si vas y hablas con el encargado en el edificio, fácil te dejan subir- el policía nos había dado el permiso para buscar nuestro camino, solo teníamos que pasar las puertas.

Nos acercábamos al edificio, y a lo lejos pude ver al efectivo con sus binoculares observando todo el tráfico de Javier Prado, le explicaba al Che que preparara las preguntas que le iba a hacer. Justo delante de nosotros entraba un oficial, asumí para dar relevo a su colega. Entramos al edificio y hablamos con el vigilante; no podíamos pasar ya que los últimos pisos le pertenecía a unas compañías que tenían sus oficinas ahí. Nos explico que podíamos esperar a que baje el oficial y preguntarle si podíamos subir, así que nos sentamos afuera y esperamos.

El policía salio, y el Che se acerco:
-Que tal, Soy Carlos Quinto de la revista Veritas de la Universidad de San Martín de Porres, estoy haciendo una crónica sobre los policías de tránsito y ¿quería saber si podíamos subir a conversar un momento con el oficial que se encuentra arriba y tomar unas fotos de la vista de Javier Prado?- saco su Carné universitario, tratando de impresionar al oficial, a parte para que se creyera que de verdad hacíamos una crónica para la revista Veritas, cuando en verdad el buscaba hacer una crónica para su clase de redacción periodística y yo una crónica para publicarla en Sorbos, Colillas y Letras.
-No, no puedes, lo que pasa es que esos pisos son de unas empresas y a ellos tienes que pedirles permiso- nos cerraron la puerta, pero no nos sentíamos mal, teníamos buen material para hacer mas de dos mil palabras, pero la foto desde ahí hubiera sido la cereza en la torta.

Decidimos regresar a Las begonias y Andrés Reyes, al módulo con flojos cimientos. Esta vez el eran dos policías. Nos sentamos a un par de metros, justo al frente de la cebra y comenzamos a observar. El policía que estaba fuera del módulo se puso frente a la cebra y toco el pito ante un conductor que se quería pasar la cebra, “la gente no le tiene miedo a la papeleta” dijo, y hasta cierto punto era cierto, pero también era irónico ver en SAT a los conductores multados haciendo colas, pidiendo prórrogas y regañando por esa multa que se ganaron al tenerle miedo a las papeletas. El conductor peruano no es temerario, suele ser como alguna vez me dijo mi profesor de Contratos, “un enano mental”.

Luego de observar y apuntar, el Che decidió que hasta ahí tenia buen material para hacer su trabajo, así que nos metimos al Mc. Donald’s a comprar un helado de chocolate. Mientras comíamos, el decidía que nombre ponerle a su crónica, y aún mas importante, como tomarse una foto con un policía. Yo pensaba en como justificar el gasto extra que estaba haciendo con el dinero que me había dejado mi madre a administrar mientras estaba de viaje en España.

Salimos de Mc. Donald’s tomamos el camino de regreso a la residencial San Pedro, nuestro hogar. Pero de algo se olvidaba el Che, la foto. Justo cuando la desidia, el cansancio y el frío nos hacia desistir de la idea, vimos a dos policías desocupados caminando, decidimos darles el alcance. Nos llevaban la ventaja de aproximadamente una cuadra, así que para alcanzarlos decidí meterme entre los carros, el Che me miro atónito y comenzó a correr por la vereda. Nos dimos el encuentro justo unos metros atrás de los policías y los alcanzamos. El Che uso el mismo cuento de “el reportero de la revista”, y el policía nos respondió con un seco “no, no, no”. Se dio la vuelta y siguió caminando. No pudimos acceder al edificio, no pudimos tomarnos fotos con un policía, al parecer era más fácil hacer una crónica sobre el cementerio, tenía más vida, más cosas que contar, mas ganas de responder y los muertos no nos iban a negar una foto.

-Ya fue pes, luego me tomo una foto, al menos ya tengo la crónica- hablaba el Che.
-¿Por qué no habrá querido que le tomen una foto?-
-Porque ha de pensar que estamos haciendo alguna tarea de fiscalización como reporteros, o que queremos hacer chongo como hacen con los congresistas, y si ellos salen en una foto los cagan- la explicación del Che era la única, al parecer-¿oe y tu no tienes respeto por tu vida no?
-¿por?-
-Te metiste entre los carros huevón- lo dijo entre risa y seriedad.
-ahhh pero ya estaba parado el tráfico, me di cuenta que el tombo se había parado al frente pes- en verdad no lo había hecho, simplemente me tire al tráfico.
-Fuera huevón, comenzaste a correr y a zigzaguear mientras el tráfico avanzaba-

De regreso a la residencial, le decía al Che que la crónica prácticamente la había hecho yo (a manera de broma obviamente) y el entre risa y risa quedo en mencionarme en su crónica, previa felicitación ya que sin mi ayuda no hubiéramos ido de lado a lado buscando incluso al policía del edificio. Y eso me hace pensar que los verdaderos cronistas (no los que juegan a escribir como yo) tienen un trabajo muy bueno y muy tedioso a la vez. Bueno ya que hacen trabajo de campo dándole magia incluso a lo mas cotidiano y tedioso porque tienen que estar preparados para hacer todo lo posible para conseguir su historia y eso no solo debe implicar caminar y observar por muchas horas, bueno eso no es malo… son simplemente gajes del oficio.
Bryan Kabsther
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lunes 6 de octubre de 2008

ENCUENTRO (cursileras primarias)


Pues bien,
digamos que yo te escucho
y te hablo,
te pregunto cómo estás,
qué tal te va;
te converso
y te nombro sin nombrarte,
me acerco a tus peldaños
y continúo excusando
tus palabras;
intuyo o
trato de intuir tu mirada
y observo
a penas inicialmente
la luz apacigua de tus ojos,
que de pronto
me fulguran
y atraviesan mis verdades y mis mentiras.

Pero bueno,
digamos que lo advierto
y me acerco
aquella luz de tus ojos bobos,
volteo mi mirada,
y tu mirada,
y derepente
se encuentran tus ojos frente mis ojos,
y logro apreciar con claridad
una luz entre los dos,
que me enciega fácilmente,
pero fijamente conserva
su ternura y
su mismisima claridad transparente
que pareciere del rocío.

Y bueno, lo inadvierto
o quiero inadvertirlo,
y nuevamente escondo mi mirada
sin dejar de pronunciarte,
o desde afuera
y pronunciar tu nombre
desde dentro de mi nombre
o desde la poesía
que te ha enunciado
todas estas contritas tardes
en que encontré tus ojos

Así, continúo pronunciándote
tratando de encontrarte o
encontrarme
en cenizas de otro modo
o por amor de otro modo.
Sin embargo, finalmente
acabo por concluir tus oraciones
a tus ojos extraviados,
y es por ello que asimilo tu ternura
o me asombro,
me trastocan tus imágenes
y callo con validad
una vez que se logra perder
por las ventanas de esta ciudad
tu luz fulgurante…

Pero en fin, digamos
o me imagino
que eso fue una coincidencia
que no ha de pasar,
que me está proscrita tu ternura
que no eres pasar,
ni eternidad,
ni siempre;
y si te atrevieses
o atreviéseme a hablarme
del olvido,
es decir, del tiempo
y de mi viento de tantalo,
te alejases para siempre de mi cuerpo,
de mis sueños transparentes
y mis muertes superpuestas
o tus sueños
o tus muertes
adyacente a mis palabras,
sólo cuando te escribo sin pronunciarte,
ni esconderme,
ni responderme de otro modo
o volverte a preguntar,
talvez con la misma excusa,
cómo estás
o qué tal te va la vida.

(Joel Cáceres)
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jueves 2 de octubre de 2008

Frustrado suicidio


Si una noche de estas
las venas reventaran
sobre las sabanas,
tan así de pronto,
y el corazón de grietas estuviera,
vería de que están hechas
las fibras del quejido,
esperando que lo visto del todo fulminara
y aplacara mi latido

Lo aplacaría o
quizás lo angustie más de lo debido
pues la verdad punzante y despiadada
se muestra con el tiempo
…pero que pasaría?
volvería a mi cuerpo?
me sentiría útil?
podría levantarme sin desidia?
u odiarme menos lograría?

Si por así decirlo,
el dolor de saberme herido
mi decisión remordiera
y remordiera también mi muerte,
los tambores tendrían que esperar
un tiempo más
para anunciar mi ida…
encontraría acaso en mis venas reventadas
el valor de la vida?

Si contara las batallas ganadas
las sonrisas
las burlas
los parias…
sensato sería pensar
si antes lo hice,
ahora también
podré hacerle frente?

Pírricas serían de todos modos,
insuficientes de cualquier valor,
insustanciales
para responder si
es la vida la que se va escapando de mí nuevamente
o soy yo el que huyo de ella
con frenesí inefable
sabiéndome de antemano
fracasado.

***
No lo se ahora,
y todas frente a mí reposan,
porque empezaron tantas preguntas de pronto?
La sangre fluye
y quiero a mi muerte,
pero estas preguntas
créanme remordimiento y miedo,
miedo de saberme herido y vivo…
No lo sé ahora.

***

Puedo solo
jugar a tentar la agonía
ya que no me sirve raciocinio alguno
ahora que mi sangre fluye incansablemente,
puedo solo
no morir hoy día
y limpiar el desastre causado,
lavarme las heridas
y fingir sonrisas.

Mas si ante todo,
pudiera defecar tranquilo
las obscenidades con las que nací…
sabría que he vivido,
y mis marcas
resentidas
serían el consuelo
de mi no muerte
alguna noche de estas.


Hector R. Ccahua
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miércoles 1 de octubre de 2008

S.M.


No es que me guste hacerte daño
Ni obligarte a elegir
Es que no concibo otra manera de querer

Me estimula ver tu dermis
Oscurecida y semiabierta
Cual mirada inundada de placer

Así que no hay más que pensar
No hiere lo que nadie puede ver
Necesito sentirlo en mí
Para saber que aún puedo respirar

Labios rotos mezclándose con tu piel,
Muéstrame que me amas y golpea fuerte,
Tranquilízate, es normal.

Hay en mí una sensación,
Un color que me apasiona
Y es que de otra manera no te amare.

Un sonido desgarrador,
Purificando nuestro amor
Hueso a hueso, agobiándonos de placer.

Cejas rotas y sangre en mi piel,
Muéstrame que me amas y no lo dudes,
Relajémonos, no dolerá.

No me pidas que me detenga,
No conozco otra manera
Para darte a entender
Lo que el verdadero amor puede hacer.

Sangre en mi bota y rastros de piel,
Quiebra mi mano y disfrutemos de esto juntos,
Fractura ósea y desgarro de piel,
Muéstrame que me amas y sigamos divirtiéndonos,
Tranquilízate… ya pasara.
(Bryan Kabsther)
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