
Doña Julia va al psicólogo un día, su hijo no está nada bien en el colegio y a ella nada le alarma más que su retoño no le haga caso, Buenas días `Doctor´, dice esperando alguna frase gentil del `Doctor´, Buen día señora, responde, aunque no es un buen día para él, el psicólogo tiene un dolor de estómago terrible que aún no puede aliviar como se merece y que probablemente lo llevará al baño por un largo rato, pero ya es muy tarde, ya le sonrió a doña Julia y le tendió la mano, ahora se dispone a escuchar…
El problema `Doctor´ es con mi hijo, él tiene 12 años y no me hace caso, ha cambiado mucho conmigo, ya no me obedece y todo el día me tiene renegando. Sus notas están bajísimas, no estudia y prefiere jugar en la calle en lugar de devorarse los libros como se dice, yo voy a sacar a mi hijo del colegio sí o sí, ese colegio es una porquería, han pasado ya tres bimestres y mi hijo sigue con sus ceros y sus rojos en la libreta, cuando estaba en primaria era otra cosa, nunca fue muy bueno en las notas, pero por lo menos los profesores se preocupaban más por él. La vez pasada me encontré con el subdirector en el mercado y le dije todo lo que pensaba, porque yo soy muy sincera… ah eso sí, digo las cosas de frente, Eso se nota a leguas, se dice el psicólogo, y fácil que la ha cagado en más de una ocasión por ser tan sincera doña…piensa.
El colegio se trataba de una porquería de colegio en realidad como decía la doña, la podredumbre se iniciaba desde la cabeza y se expandía cual malaria perniciosa por todos los rincones de dicha institución, profesores, personal administrativo, estudiantes ni que decir, hasta el pobre conserje que también hacia las veces de barrendero, mandadero, chupamedias, chasqui y guachimán, todo por el mismo sueldo, el cual ni siquiera justificaba una sola de las funciones que él desempeñaba.
La doña había tenido a su hijo por más de 9 años en ese colegio porque le tenía un gran aprecio a la directora pues su hija mayor fue alumna suya y porque tenía un plus de esos que la doña no pasaría inadvertidamente, se trata pues de una institución con bases firmes de arraigado cristianismo católico recalcitrante que harían que cualquier Papa muerto se ensalce en su nicho por el buen trabajo hecho por ellos y la historia en los corazones de estos, como llamarlos… devotos de su fe y su teoría de la humanidad.
Este colegio tenía como política institucional pulverizar a cualquier ente que osase contradecir a su máxima autoridad: la directora, aún por más que esta no tenga ni la moral, ni el conocimiento, ni la audacia, ni la vocación, ni la inteligencia suficiente para comprender que la educación no solo es decir amén a sus designios, designios dicho sea de paso empapados de una cucufatería digna de la lima colonial. El sub-director del cual la doña habla, es el primogénito de la ilustre dama que acabamos de mencionar, como se debe de suponer, este bienhechor docente heredó las más viles artimañas de su religiosa madre y le agregó las suyas propias, sin embargo se trataba de un “hijito de mamá” que para sobrevivir había aprendido a hacer todo lo que ella muy amablemente le recomendaba, no obstante este tan carismático personaje se vengaba, seguramente de todos los años de agobio constante de su amada madre, robando el dinero de la pensión y jaraneándose a escondidas con toda madre de familia, soltera, en vías de divorcio, abandonada por su pareja o falta de afecto que estuviera dispuesta a subirse a su deportivo (deportivo que había sido costeado por su madre obviamente)
La doña prosiguió con su catarsis, Le dije que su colegio era una porquería porque no se preocupa en mi hijo, además nadie me ha llamado para avisarme lo mal que está, si yo fuera el profesor le llamaría para informarle que su hijo no esta estudiando no es cierto, le advertí claramente que no estaba dispuesta a que mi hijo llevase algún curso en el verano, no, eso sí que no, esa es responsabilidad suya le grité, así es que usted ve como me soluciona esto, mala suerte la suya de encontrarme en el mercado, esto último se lo dijo de manera reflexiva y sarcástica la doña.
Tremendo escándalo habrá armado esta tía, jaja pobre sub, lo cagaron, piensa a escondidas el psicólogo olvidándose por un instante de hilarante burla su penosa situación.
Ahora lo que más me molestó de ese hecho `Doctor´ es que el subdirector corrió donde su mamá a quejarse, y esta agarró a mi hijo en la formación del día siguiente, claro, porque yo me lo encontré el jueves de la semana pasada y el viernes ocurrió lo que le cuento. Lo sacó al frente y le hizo pasar tremenda vergüenza frente a todos sus amigos recriminándole porque se quejaba de su colegio. Eso me enojó bastante, pobre mi bebé no sabía de lo que hablaba la vieja esa, y encima lo amenazaron a la próxima con bajarle los pantalones en la formación y darle de correazos (así acostumbran a disciplinar a los alumnos allí)
El psicólogo interrumpe el monólogo de la doña para mostrar su indignación, Pero señora, eso es antipedagógico y humillante, cómo los padres de familia pueden permitir esa forma de disciplina tan arcaica y obsoleta?
Si pues, por eso lo voy a sacar de ese colegio, nadie más que yo puedo castigar a mi hijo, ni su padre, habrase visto!!. Lo cierto es que ese día llegó a casa y me culpó de todo lo que había pasado, y se volvió más rebelde, ya no quiere ni asistir a la catequesis, eso si fue el colmo, yo le exigí que vaya y él me decía que eso era una porquería y que le aburrían los jueguitos que hacían allí, imagínese!!! Allí yo me alteré, la palabra de dios no es una ninguna porquería le dije y le mande un cocacho, es que estaba enojada `Doctor´, porque déjeme decirle que yo soy muy creyente y la palabra de dios nos dice que tenemos que tratar bien a nuestros hijos pero que también debemos reprenderlos (aquí la señora alza el brazo y lo baja furibundamente sobre la palma de la otra mano como quien incrusta un machete en un pedazo de tronco), porquería son esos dibujos satánicos que haces y las notas que me traes, le dije.
Que tales “reprendidas” le dará al pobre chibolo, piensa el psicólogo que a estas alturas está más concentrado en controlar los espasmos que torturan su pobre estómago y deseando que haya algún terremoto o algún grito de incendio para salir corriendo de la habitación.
Ay, pero este chiquito no me ha gozado bien, incluso su misma hermana le cuenta como la castigaba yo años atrás cuando ella se atrevía a esconderme los exámenes, recuerdo una vez cuando ella estaba en cuarto o quinto de secundaria y nunca llegaban las notas de los exámenes a la casa y yo le preguntaba si ya le habían entregado los exámenes, ella me decía, no mami, nada aún, pero yo sabía que algo me estaba ocultando, usted sabe, las madres tenemos esa intuición que nunca falla (sí nunca falla y si falla nunca lo aceptan de igual manera) así es que fui al colegio a quejarme y a preguntar por las notas, el profesor me dijo que ya les había entregado a todos los alumnos las notas. Al regresar a mi casa, la esperé como si nada hubiera pasado, me saludó y yo le dije que se bañara mientras le servía su comida, ella se fue a la ducha y yo detrás de ella, ya para esto había comprado un “san martín”, la sorprendí en la ducha y le pregunté nuevamente, hija no te han entregado todavía los exámenes, no mamá, me respondió; sabe `Doctor´ yo puedo aguantar un cero, pero no soporto la mentira, en la Biblia dice No Mentiras y la Biblia es la palabra del Señor, así es que le reventé la espalda a punto de los sanmartinazos, luego de pegarle me sentí un poco mal, porque creo que se me pasó la mano, ya que perdió un diente por culpa de los golpes, pero santo remedio eh… a partir de esa fecha nunca más me ocultó absolutamente nada.
El psicólogo tenía el rostro compungido en parte por tremenda historia y en parte por el gruñir de sus tripas, Mierda! esta vieja es una desquiciada y como habla, quiero cagar carajo!! Porque no se calla!!!
Yo no se si es la adolescencia que ya le pegó a mi hijito, pero me preocupa `Doctor´, me preocupa, a veces yo creo que su cambio se debió a que en una ocasión él me vió en la cama con mi esposo acostados (la doña se ruboriza como toda señora de buenas costumbres y ferviente catolicismo que se respete cuando hablan de sexo)
El psicólogo al ver tan conmovedora escena del rostro enrojecido y los sudores pudorosos se olvida por un momento de su propio padecer y decide aplacar esos calores y aligerarlos para bienestar de la doña, La sexualidad es totalmente normal señora no se preocupe y el sexo en el matrimonio es una forma de mostrar el amor que uno siente por la otra persona…
Bueno si no? Tiene razón, pero no dejo de sentirme culpable por ese hecho, mi bebé entró sin avisar, es que todos dormimos en una misma habitación y no pudo evitarlo, mi esposo le habló, no se que le habrá dicho, cuando se lo pregunté me dijo que eso era cosas de hombres y que a mí no me interesaba. Yo creo que a partir de ese hecho él está más rebelde conmigo, mire, yo todos los días me voy a la iglesia en las tardes y a mi regreso no lo encuentro en casa o lo encuentro viendo televisión, pero no haciendo su tarea ni estudiando, siempre tengo que decirle, oye estudia, has la tarea, alista tus cosas y el siempre me responde, ya mamá, ahorita lo hago, espérate un rato… ya estoy cansada de hablarle, le entra por una oreja y le sale por la otra, no me entiende por nada del mundo, a veces tengo que meterle un correazo o un jalón de orejas para que me haga caso, pero no vaya a creer que yo le pego siempre ah, no, solo cuando ya me cansa.
La doña siguió hablando por más de media hora sobre sus fracasados intentos de hacer que su hijo le hiciera caso y que pusiera más empeño en sus estudios y que sobre todo se convenciera que era inaceptable la temprana renuncia que pretendía hacer a la tan ferviente fe e imprescindible catolicismo que la familia mantenía desde tiempos inmemoriales y que tan bien cumplían en la práctica.
Pero el psicólogo tenía su propio calvario, su vía crucis, su padecimiento y este no era ni espiritual ni tenía que ver con algún conflicto de fe, las entrañas necesitan ser evacuadas y desechar las sustancias poco importantes de su organismo, quería cagar como nunca antes lo había deseado, pero la doña no paraba de hablar y a él no se le ocurría ninguna forma elegante como para decirle que de una vez se calle y se espere un buen rato para que tenga tiempo de meterse el cague más placentero que alguna vez haya acontecido en su historia de evacuaciones.
Milagrosamente el celular de la doña retumbó en su bolsillo y el psicólogo vió en esta una hermosa ocasión de lanzarse a correr al baño, Bendita sea la tecnología, se decía y saboreaba el instante en que la doña buscaba su celular para contestarlo, Ay que cargoso, quien será, mejor le voy a colgar nomás, en que estábamos?, le pregunta al psicólogo, Quizás sea importante señora, conteste nomás, le decía a la doña, mientras creaba mil y un injurias hacia la desfachatez de la señora, por favor conteste, conteste!!!! No `Doctor´, me parecería una falta de respeto hacia usted, No se preocupe señora, por el amor de dios conteste nomás!!!, le decía este con un semblante lastimado por las torceduras de panza que tenía pero aún con la suficiente y bien fingida educación que le había permitido ocultar tan bien sus verdaderos deseos.
La doña contestó el celular por la insistencia del psicólogo y este se enrumbó al baño como alma que lleva el diablo explicando antes que regresaría en un segundo a la doña. Su demora no duró un segundo sino le tomó 20 minutos, los cuales el psicólogo disfrutó como pocas cosas disfrutó en su vida y apenas alcanzaron para cumplir con todos los requisitos que el ritual de las evacuaciones merece.
Así pues el psicólogo regresó más aliviado y doña Julia prosiguió como si nada hubiera pasado. Debemos ser agradecidos que estas historias solo sean solo una invención y no encontremos en la realidad colegios tan insanos, directoras tan intransigentes, sub-directores tan canallas, doñas tan religiosas, tan maltratadoras y tan habladoras y psicólogos tan cobardes que no puedan decir que no son `Doctores´ sino psicólogos y que sobre todo, no teman decir que tienen ganas de cagar y que se les espere para poder realizar una mejor labor. Agradezcámoslo.
Hector R. Ccahua
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