miércoles 31 de diciembre de 2008

Romance


ACTO PRIMERO: AMOR Y LUJURIA

La noche estaba próxima y traería consigo como todos los miércoles a su compañera de sábanas, por lo menos en estos últimos 2 meses, uno de los pocos ávidos amores que le sobrevivían.

Se llamaba Lucía, la había conocido como nunca antes se imaginó conocer a una amante, en el autobús mientras se dirigía a la universidad, no era partidario de hablar con nadie en el carro pero el destino se encaprichó que fuera así. Fueron suficientes dos encuentros para que intercambiaran datos personales, números y demás contactos para asegurar que uno no se perdiese del otro por si algún día no se vieran las caras más.

Ella estaba a punto de llegar y a él le entusiasmaba la idea de rasgarle aquella blusita que tan bien hacían lucir sus modestos pechos con los dientes. Era una suerte vivir solo, los hoteles alrededor del centro de la ciudad eran carísimos y ninguno de los dos podría solventar tremendo lujo.

Sin embargo al llegar, Lucía se mostraba angustiada por lo que detuvo los besuqueos de su amante intempestivamente.
- Aguarda un ratito amor.
- ¿Qué pasa nerita? – preguntó él alarmado y descontento a la vez.
- Estuve preocupada por ti todo el día – contestó inquieta
- Y eso ¿por qué? Sabes que los miércoles son los días más felices para mí porque te veo – dijo él amorosamente
- Sí pero ayer tuve un sueño terrible, tú sabes que no creo en ese tipo de cosas pero te soñé muerto y me asusté muchísimo, ay amor, fue horrible.
- Los sueños son solo eso, no hay por qué alarmarse, preciosa.
- Te vi degollado, tirado en la calle, sin auxilio, nadie te defendía, fue horrible – contaba mientras su llanto aumentaba en intensidad.
- Ya mi amor, como ves estoy bien y enterito, no te preocupes, son solo sueños.

La abrazó con gran ternura y los calores lujuriosos fueron reemplazos por tiernos besos, él la tranquilizaba con mucho trabajo pues los sueños irrumpen el sosiego incluso de los más escépticos y son plagas difíciles de exterminar del todo. Acabado el impase sentimentalista de temor por el ser amado hicieron el amor salvajemente como todos los miércoles.

ACTO SEGUNDO: DESCONCIERTO

Lo que más le gustaba de esta nueva relación era que ella estaba ocupada la semana entera con su trabajo y el cuidado de sus hermanos, ya que no soportaría verla más de un día a la semana. A ella seguramente lo que le agradaba era la comodidad de una cama amplia y un desayuno por lo menos respetable al día siguiente.

La primera vez que salió con ella le sorprendió la naturalidad de su belleza (casi no se maquillaba) era casi una diosa de ébano, una morena de rostro perfumado y cuerpo cercano a la perfección. Él trataba sutilmente de impresionarla por tratarse de un estudiante próximo a dejar las aulas universitarias y ella una simple estudiante de instituto, pero Lucía parecía estar más interesada en las actividades que él hacia en sus tiempos libres, en sus hobbies que no eran la gran cosa tampoco.

Cuando ella se fue del apartamento, se despidió menos temerosa que cuando llegó pero igual le encargo que se cuidase. Le encantaba que ella fuera tan cariñosa y atenta, imago quizás de su madre muerta años atrás. Lo besó apasionadamente con aquellos grandes labios y enseguida preguntó:
- Amor ¿Qué es lo que somos? - esta pregunta le cayó como un baldazo de agua fría.
- ¿Qué somos? – respondió titubeante él
- Ya me lo responderás en la noche cuando regrese – interrumpió ella – ¿no te molesta si hoy también vengo no amor?
- (Aún más confundido de lo que estaba respondió) cla cla claro amor, como me iría a molestar, ven nomás.

Así se retiró Lucía, mientras él quedó muy confundido, ¿qué somos? que no me joda y ahora va a venir dos días a la semana…tamare… y algo enojado.

ACTO TERCERO: REFLEXIONES

La muchacha era humilde, era la secretaria de un empresario textil que intentaba enamorarla cada vez que podía, motivo por el cual quería cambiarse de trabajo y buscar algo más digno. En más de una ocasión él la animó para que fuese modelo, atributos no le faltaban, además él podría jactarse ante sus amigos que su amante es una modelo, nada más y nada menos.

Ahora le preocupaba que Lucía pretendiera dar “el siguiente paso” y pensaba en la manera de cómo arreglar las cosas con ella. Si las cosas se le iban de la mano tendría que prescindir del fabuloso sexo que tenía con ella por el bienestar de ambos y su endeble economía, no hay que olvidar que las relaciones amorosas formales son más costosas que tener una amante circunstancial de un día a la semana, que jodidas son las mujeres ¿que somos?, jajaja ¡homo sapiens pues cojuda! eso somos, le hubiera respondido, pensaba él mientras se alista para salir rumbo a la universidad.

El buen sexo fue la principal razón por la cual se involucró con Lucía y a pesar de no satisfacer sus gustos físicos totalmente, lo complacía en la cama como ninguna otra antes lo había hecho. Hace dos meses él le propuso por primera vez ir a su apartamento envalentado por unos cuantos tragos y por la misma razón ella aceptó tal propuesta.

Ella tenía un cuerpo delicioso pero él prefería hacerlo con la luz apagada (siempre desde aquella vez lo hacían así), lo que en un principio a ella le sorprendió, pero no se opuso. Luego de la primera vez quedo la duda de porque hacerlo con las luces apagadas:
- Eres raro chico, ¿Porque te gusta hacerlo a oscuritas? – preguntó ella cariñosamente
- ¿Por qué? Es más rico así pues, puedo sentir tu aroma, escuchar tus gemidos, palpar todo tu cuerpo con mis manos…
- ¡Ohh que romántico!! Jajaja
- Así es nerita, ve acostumbrándote nomás – rió él también - pero no me digas que ¿a ti no te gustó hacerlo así?
- No, si, me encantó pero no deja de ser raro.
- Si un poquito, esas son mis razones pues.

En la universidad estuvo pensando la mejor manera para dar por terminada la relación si ella le insistiera en tener una relación formal, eso sería el primer paso para que más adelante le pida convivir y aquella idea lo aterraba, convivir a sus 26 años le parecía una locura y una injusticia, los amigos y las juergas se lo reclamarían, además ella no era la mujer ideal para él, fue bello mientras duró, pero que se le hace, además es mejor así, no quiero estar atado a una relación, sé que me sofocaría…

ACTO CUARTO: ODIO Y DESPEDIDA

Llegada la noche del jueves Lucía llegó muy contenta y con un bolso de supermercado y él intentó ponerle buena cara, le atraía mucho y aquella noche lucía mucho más bella que de costumbre, pero no podía sacrificar más de lo que ya estaba haciendo.
- Hola amor, te he extrañado harto hoy, ¿tú me extrañaste?
- Claro preciosa como no – respondió presuroso – ¿qué son todas esas cosas?
- Fui de compras y pensé que sería buena idea cocinar juntos ¿Qué te parece?
- Me parece bien, pero no se cocinar ah, por si acaso.
- Ah, no te preocupes, yo te enseño - contestó con mucha confianza ella y prosiguió - vamos amor, juguemos a que estamos casado – y sonrió enseguida.

Esto le produjo a él una sensación de incomodidad estomacal casi infernal, ciertamente se sentía invadido por aquella mujer casi desconocida, esto esta yendo muy lejos…
Durante el día se propuso no darle tregua y encararla de frente.
- Hoy estuve pensando en tu pregunta de la mañana – le dijo él.
- ¿Así? Que bueno, quiero oír tu respuesta – contestó alegremente
- Creo que la pasamos bien juntos y de alguna manera nuestro romance se basa en la distancia, no sé con certeza que somos, pero preferiría volver a como estábamos antes.
- (Ella cambió su semblante) ¿Cómo antes? – preguntó - ¿Distancia?
- Sí, es complicado pero no lo tomes mal, solo quiero decir que quizás necesitemos más tiempo para conocernos pero respetando nuestros espacios.
- ¿De que estas hablando? No te entiendo, solo me quedé una noche más, no te estoy pidiendo que te cases conmigo.
- Lo sé, lo sé, pero me sorprendió un poco en la mañana… y creo que sería justo para ambos mantenernos como antes o separarnos de una vez por todas.
- Eres un huevón, solo quise pasar más tiempo contigo porque mis hermanos están en casa de mis tíos y haces un escándalo por eso, eres un huevón. Y ni siquiera tienes el tacto suficiente para decirme que solo quieres tirar conmigo y nada más. – tomó su bolso y su casaca y se dirigió a la puerta sumamente enojada como la situación ameritaba.
- No, espera, no tiene que ser así… tú me gustas mucho pero…
- Vete a la mierda, eres un huevón, nunca más me hables… - lo interrumpió y azotó la puerta con gran indignación

Luego del portazo, él quedó solo en su apartamento, perdió a su amante pero se quedó por lo menos con los alimentos básicos para dos semanas.

ACTO FINAL: ORGULLO Y RESENTIMIENTO

Una semana después la culpabilidad, compañera al final cualquier batalla donde se sabe que se ha jugado sucio, lo hizo su presa, quiso llamarla pero su número ya no era el mismo. La buscó en su trabajo y allí le informaron que había renunciado y que no sabían su paradero.

Esto sirve aunque no parezca para decrementar la culpa, así sucedió se sintió más tranquilo ya que al menos la buscó, no la halló para pedirle disculpas, pero la buscó, capítulo cerrado, eso era todo de su parte.

Sin embargo sus noches ahora eran solitarias, prefería pensar que era el precio de la libertad y aunque hubo más de una ocasión en que pensó que exageró, las reflexionen ahora no cambiarían las cosas, tan solo era una noche más, pasar más tiempo juntos, no me pedía que me casara con ella. El orgullo definitivamente es el principal problema cuando a la hora de aceptar que se esta equivocado uno tiene.

A veces el destino nos tiene reservado una que otra sorpresa y como si se tratase de una telenovela muy forzada que nos convierte en el ridículo personaje de dicha trama, Lucía y él se toparon en el bus un miércoles por la tarde.

No habían terminado del todo mal y lo cortés no quita lo valiente, así es que decidieron hablarse bajo una sombra de resentimiento de parte de ella y rezagos de culpa por parte de él.
- Hola Lucía – la saludó con cierto recato
- Hola – respondió ella con gran recelo.
- ¿Cómo has estado?
- Bien.
- Hace tiempo no sabia de ti
- Estuve en mis cosas pues – aún de manera fría.
- Sabes, lamento como terminó todo lo nuestro, te estuve buscando para poder conversarlo y nunca te hallé sino hasta ahora.
- La verdad es que yo no quiero hablar de ese tema. – refutó ella de manera algo más alterada.
- Para mí tampoco es cómodo pero solo quería decirte eso
- Bueno ya lo dijiste ¿en que cambian las cosas?
- Creo que aún podríamos saber uno de lo otro ¿no?
- ¡No!! es una mala idea, yo no quiero saber más de ti y no quiero que tú sepas de mí – esto lo dijo furibunda.
- No seas tan dura conmigo, solo quiero ser tu amigo…
- Sabes, no me interesa ahora, lo único que podría decirte es que descubrí que tu “romántica forma de hacerlo” (siendo muy sarcástica en la frase) simplemente era una forma de ocultar tras la oscuridad lo pequeño de tu pene. – dijo esto con gran tirria y una sonrisa siniestra.
- ¿Que? - preguntó él abrumado
- ¡Que la tienes chica y por eso apagas las luces para tirar, huevón! – vociferó en el autobús (quizás como venganza retardada)

Avergonzado por el bochorno que su ex amante le hacía pasar en frente de todos los pasajeros y luego de algunos segundos de asombro e indecisión, resolvió hacer lo que su orgullo varonil le dictaminó.
- Puede ser, pero en la oscuridad te ves menos negra, querida, y no es que sea racismo ni mucho menos ah, sino que la cuestión es la estética, tú comprendes ¿no? - musitó esto para ella y se despidió con una gran sonrisa siniestra también pero a la vez avergonzada.

Se bajó del carro y nunca más supo de ella, ni siquiera supo si lo que dijo la indignó o le fue indiferente. Ya no quiso lidiar con la culpabilidad. Terminó su romance siendo un tipo de pequeño pene y prejuicios racistas.


Hector R. Ccahua
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martes 23 de diciembre de 2008

Confesión


Voy a serte muy sincero esta noche:
me gustas.

Y me gustas más que como amiga,
y me gustas más que como compañera.

Me gustas de un modo inmaculado,
de un modo tal que no puedo decir,
de un modo casi, casi prohibido.
Me gustas de un modo inmarcesible.

Y tal vez no me creas ahora mismo,
y tal vez no sea este un buen momento,

pero si de ser sincero se trata hoy:
me gustas.

Voy a mastodonizar mi sinceridad:
te admiro.

Y te admiro más que como personaje,
y te admiro más que como ser platónico.

Te admiro en tu faceta de amante,
en lo bien que le haces a mi existir,
en lo superado que me haces sentir.
Te admiro en la pasión que irradias.

Y tal vez no te merezca porque soy yo,
y tal vez nunca alcance a tu corazón,

pero si voy a engrandecer mi sinceridad:
te admiro.

Voy a serte más sincero esta noche:
te quiero.

Y te quiero más que como santa.
Y te quiero más que como simpática.

Te quiero por la mujer bella que eres,
por tus atisbos de genial ternura,
por esa tu frágil y eterna fortaleza.
Te quiero por lo salvaje de tu inocencia.

Y tal vez ya es muy tarde para decirlo,
y tal vez todo esto ya no quieras saberlo,

pero si he de ser más sincero ahora:
te quiero.

Voy a atosigarte de sinceridad:
me confieso.

Y me confieso tu fiel enamorado,
y me confieso tu eterno seguidor.

Me confieso aquel que te piensa siempre,
el que siempre te escribe sin miramientos,
el que te llama aunque no tenga respuesta.
Me confieso todo lo que implica amarte.

Y tal vez no te lo dije cuando debía,
y tal vez ya mucho me has esperado,

pero si de decirte mi amor se trata:
me confieso.
(Fred Borbor)
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domingo 21 de diciembre de 2008

De tu encanto


Del bendito sumo deseo ferviente
noche ligera emoción pendiente,
presencia inesperada
emoción sutil de la pasión naciente
animo encumbrado fuerza renovada.

Indecisión incipiente aliento inusitado
gloriosa aventura en tu encanto,
penumbra cómplice del deseo entrante
indiferencia provocativa del dolor saliente
fuerza renovada animo encumbrado.

Noche partícipe del sentir floreciente
pasión deletérea sensación creciente,
en tu seno la gloria pendiente
en tus ojos el encanto dormido
llamarada del sentir vívido
animo encumbrado fuerza renovada.

Parca mensajera del dolor metido
pena y angustia del sentir fugado
caída al abismo,
ángel perdido renueva el sentir caído
fuerza renovada animo encumbrado

Gloria dichosa de tu llanto
sentir creciente pena amainada,
por el sabor de tu encanto
animo encumbrado fuerza renovada.

(Dither Durand)
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viernes 12 de diciembre de 2008

Asesinarte


Eso quiero
asesinarte
lo deseo intensamente
con eternidad y candor
imagino la sangre en tu cuerpo
y tu ropa cubierta por la forma en que desangras.

Quiero matarte
y lo pienso fijamente
asimilo tus actos
e imagino cautivamente mi accionar
te miro procurando que no me devuelvas los ojos
distante o muy cerca
demasiado cerca ahora
de inmediato expongo mis razones.

Es que deseo asesinarte.
Y eso es todo.

Imagino partiéndote la piel
tu pecho gris ensangrentado
te veo nuevamente
talvez buscando una lástima en tu risa
y de repente me vez con una ligereza instantánea
como advirtiendo que deseo tu muerte
me siento torpe y agobiado
como una espuma pesada que recorre tu rostro
al ver como me miras con esos ojos tibios.

Vuelvo tu rostro
y nuevamente imagino asesinándote
mirándote fijamente mientras se desvanece tu vértigo oscuro
ya puedo percibir como la brisa de tu “no” me descubre el rostro
puedo escuchar los gritos de los alrededores
o las mascaras de azul y hierro
que me juzgan y se espantan

El miedo me asecha como un depredador
es un sensación infinita
luminosa o extraña
y pienso en qué haré cuando te atraviese los latidos
imagino presurosamente corriendo a ninguna parte.

Y es que quiero matarte con un horror mendigo
permíteme este delirio
esta desazón,
ansío tu muerte con todas mis ansias
aunque ahora tiemble de pavor
sólo sé que quiero borrarte

Te aseguro que no tengo nada en contra tuya
no juzgo tu humana condición
o la insublevación de tu hablar ordinario
pienso incluso en el amor que puedes dar
–que probablemente ha de ser minúsculo-
en tu familia
en tus pléyades circunstancias
en tu agonía
en tu imagen
y en tu aferración a Dios
pidiendo perdón
o la vida eterna.

Pero ansío matarte.
No tengo mayores intenciones que tu muerte.

Y vuelvo a mis perdones
también acudo a Dios
y le imploro que te asesine
porque a decir de los hombres
en él todo se justifica.

Resuelvo por imaginar el camino
pienso apuñalarte con un cuchillo
una navaja especifica
cualquier objeto cortante
imagino o planeo los certeros golpes
el como y el cuando
puedo oler claramente como te ausencias
avizoro las secuelas concretos de tu muerte
y mi imaginación se entorpece
o acabo por desligarme de su delirio.

Pero no dejo de desearlo
e imaginarlo
sólo entiéndelo por favor
probablemente tuve algo de culpa
–que no debilita tu responsabilidad–
pero únicamente tienes que asumir mi agonía.

O talvez en desahuciar tu ánima
resuelva por envejecer
y seguir dormitando,
o empujarme al desconcierto
y que vuelvas con tus ojos fríos a vivir en estos cuatro suelos
expondré otras razones más o menos altas
porque a veces pienso
–no dejo de pensarlo en realidad–
que tu muerte calmara muchas catarsis en los hombres
o traerá pureza infinita.

(Joel Cáceres)
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lunes 8 de diciembre de 2008

Alegrémonos, ya es navidad!!!


Se acerca una fecha importante en nuestro calendario y no podemos ser ajenos a tal acontecimiento, el año ha pasado rapidísimo, en un abrir y cerrar de ojos y los días no son más que hojas que se dejan arrastrar por el cada vez más inclemente tiempo y así sin más ni más ya es navidad. Y no hay mejor forma de esperar la navidad que recordando las más entrañables, todos tenemos por lo menos alguna navidad que recordar sea buena o mala, pero la tenemos, son fechas especiales pues, nadie lo puede negar.

Cuando niño recuerdo haber vividos navidades maravillosas, las esperaba con mucho entusiasmo es cierto, quería reventar cientos de cohetones y asustar a los mariquitas de mis amigos que no se atrevían a prender la mecha ni de la más inocente chispita mariposa talvez porque a los 5 años ellos no tenían los cojones que yo si tenia a mis 7, pero como sea eso no era excusa, eran mariquitas y punto. Recuerdo también todos los ajetreos que a mi edad aún no podía refutar como lo haría ahora en parte porque tales ajetreos gozaban de mi simpatía en cierta manera y en parte porque era un niño poco entregado a reflexiones que fueran más allá de indagar la relación existente entre el niñito Jesús y Papa Noel.

Me encantaba la navidad porque los regalos más generosos iban dirigidos al engreído de la casa y primer nieto de la familia, o sea a este pechito, y porque mi familia no peleaba por aquellos días sorprendentemente, sonará ridículo pero todo era amor y confraternidad que a veces añoro con una profunda pena. Es increíble pero cuando niño la felicidad parece estar compuesta por la cantidad de personas tengas al alrededor y lo feliz que ellas también parecen estar. Las cenas eran especiales también, todos hacinados en una misma mesa, compartiendo las delicias provenientes de las amorosas manos de una mujer dotada con una sazón extraordinaria por la naturaleza y no importando el calor y el bochorno provocado por nuestros mismos cuerpos y el clima tropical de diciembre, todos disfrutábamos de nuestra espumosa taza de chocolate caliente y un buen pedazo de panetón como la costumbre manda. Grandes épocas caracho!!

Las personas sufrían también transformaciones inverosímiles a nivel de comportamiento, por lo menos dentro de mi vecindario, los más faltosos y conflictivos vecinos y las vecinas más viperinas del lugar sacaban lustre a sus más refinados modales y ánimos festivos para saludar como se debe a quienes los agasajaban con un “¡Feliz navidad vecino!”. Las calles parecían también sucumbir a esta suerte de magia y lucían en sus ventanas destellantes colores y adornos alusivos a tan ilustre fecha, después de todo era el nacimiento del niñito Jesús, me decía pero aún me preguntaba que tenía que ver ello con los arbolitos, renos, medias rojas, chimeneas y la nieve, sobre todo la nieve. En fin, era navidad, eso poco importaba.

Los característicos cohetones le dan un ambiente muy festivo a las navidades cuando niño, además de darle un delicioso olor a pólvora en cualquier rincón de la ciudad y luminosidad en los cielos poco acostumbrados a tales sucesos (salvo alguna fiesta patronal o cuando la selección peruana gana algún partido, o sea recontra raro), pero pueden también tornarse peligrosos y amargar una feliz velada. Así ocurrió en una navidad en el que casi le causo una quemadura de tercer grado en el pecho a mi quejumbroso hermano por aquella fascinación piromaniaca que se apoderaba de mí a finales de diciembre, menos mal que nada paso, nada que un buen sermón matizada con mensaje navideño de parte de mis padres no pudiera solucionar.

Mientras la navidad se apartaba de mi niñez (los niños tiene el perdón que su condición de hijos les da para creer en sandeces y esperar que sus más intensos deseos se materialicen en estas fechas) las cosas iban perdiendo su encanto, se desteñía la magia, probablemente porque ya nadie le regala nada (que realmente le interesase) a quien seguía siendo el primer nieto de la familia pero había dejado de ser hace rato el más engreído de la casa y porque las reuniones familiares en navidad eran cada vez más melancólicas y menos los miembros hacinados en la misma mesa. En la adolescencia por ejemplo la navidad era insípida, ya no eran muy atrayentes los ajetreos habituales y aquellas costumbres eran ahora más bien ridículas (nacimientos, arbolitos, rezar al pie de muñequitos, besarlos, etc.). La familia como siempre tenía a bien utilizar cualquier tipo de chantaje emocional manipulando el poco fervor religioso que aún se anidaba en mí, consiguiendo su propósito muy eficazmente.

Recuerdo una navidad en particular, faltaban pocas horas para recibir la noche buena – nunca entendí esta frase tan trillada – y me encontraba solo en casa viendo tele y buscando algo que no tenga que ver nada con la navidad mientras que el resto de la familia o compraba regalos de ultima hora para aliviar su sentimiento de culpa o iba a visitar a algún pariente llevando un panetón también para menguar la culpa (la navidad ahora me parece diseñada para que las personas atenuemos nuestros más incandescentes “pecados” acumulados en el año con alguna “obra de bien”), lo cierto es que la ocasión fue propicia para sintonizar el único canal que no pasaba nada relacionado a la navidad: Venus, maravilloso canal de televisión argentina que (a partir de la fecha) alegraba mis días como adolescente entregado a explorar los placeres que su propia mano podía proporcionarle, Que pendejo mi tio, se lo tenía guardadito, me decía mientras me masturbaba casi compulsivamente esperando la noche buena o que alguien llegara a interrumpir mi cita con las actrices porno que tan bien lucían aquella noche, lo que pasara primero.

Después del gusto casi siempre llega el disgusto y este se manifestó con una culpabilidad impetuosa, después de todo era aún un adolescente que aún creía en el nacimiento del niñito Jesús y la culpa me carcomía, como era posible que hubiese hecho eso justo en la noche de navidad, que mala persona soy, no merezco nada ni siquiera el chocolate de mi mamama, soy malo y diosito me va a castigar por no honrar esta fecha y masturbarme justo en navidad, realmente me sentía muy mal, culpable hasta los huesos, pero no podía controlar las ganas de correrme una pajita pues, las hormonas estaban en un estado efervescente en aquellas épocas y lo dicho, la ocasión era propicia… aquella fue una navidad magra y llena de culpa, obviamente mi familia lo notó, pero supe disimular todo …es la pena de no tener cerca a mis papas, les dije a los interesado en mi estado emocional, era mejor una mentirilla de esas en lugar de confesar la verdad, si ya había “pecado” nada iba a empeorar la situación y menos con una mentirilla que gozaba de cierta veracidad, extrañaba a mis padres pero mi congoja se debía a aquella pajita navideña que me propiné.

Luego llegaron navidades muy parecidas entre sí, familia melancólica llorando a sus lejanos miembros, rituales religiosos más ridículos cada vez, deliciosa comida, robos en las vísperas, gente a montones por las calles infestando la ciudad como ratas, comprando compulsivamente en supermercados, tiendas, grifos, mercados, puestitos ambulantes, lo que fuere: ropas, juguetes (sobre todo juguetes), cohetones y cohetecillos, adornos inservibles, chucherias, panetones y un largo etcétera de cosas navideñas. Por mi parte las cosas estaban un poco más claras, no había relación entre Papa Noel y el nacimiento de Jesús definitivamente y sobre todo el fervor religioso se había esfumado gracias a todos los cielos de mi organismo por cuestión de sentido común básicamente, disfrutaba de mis pecadillos a escondidas y no quería renunciar a ello, me era muy placentero para dejarlo y detestaba el sentimiento de culpabilidad que se formaba en mis adentros luego de consumar dichos pecadillos, por lo cual era momento de renunciar a una de esas dos cosas. Opté por la alegría de vivir, por buscar lo placentero y dejar las culpas para quienes querían albergarla dentro de sí, y por la consistencia, soy hipócrita con las personas usualmente pero no quería mentirme a mi mismo, seria absurdo y me sentiría estúpido.

La navidad a partir de la fecha sirvió como la excusa perfecta para reunirme con mi familia y disfrutar aún de las delicias preparadas por mi mamama (así llamo a mi abuelita o así me enseñaron a llamarla), ya no me condeno a tomar chocolate caliente en medio de tanto calor ni a armar nacimiento alguno, pero no puedo evitar sentir melancolía por los viejos tiempos.

Tampoco puedo evitar tener sentimientos ambivalente frente a estas fechas, claro que se me escapa a las 12 de la noche del 25 de diciembre un efusivo ¡Feliz navidad! a las personas que más quiero, presencialmente o por teléfono, pero ahora detesto los cohetones que espantan a mis perros y contaminan más el aire de esta ciudad de por sí contaminada (aunque el olor a pólvora me sigue resultando inquietantemente placentero), detesto la gente en las calles y el incremento de choros pululantes y al acecho que las fechas navideñas provocan (ellos sí que pasan una buena navidad caray) y la proliferación de chocolatadas, fiestas navideñas en comedores populares, entrega de regalos, ropa y demás cosas usadas en asentamientos humanos y otro largo etcétera de “obras de bien” que a mi manera de ver las cosas son una huachafada y un acto de hipocresía por más que no quieran aceptarlo.

Mientras más se aleja la navidad de la niñez adquiere su verdadera forma o la forma que nosotros le hemos dado en estos días, una manera más de demostrar la injusticia social, la hipocresía religiosa y la estupidización masiva por ello agradezco infinitamente al destino o a lo que fuere no creer en el cristianismo ya que si yo fuese católico o evangélico o protestante o testigo de jehová u otro practicante asiduo de la enorme lista de religiones existentes que aceptan a la navidad como festividad religiosa, me sentiría inevitablemente idiota, ridículo y grotescamente burlado de que la fiesta que supuestamente simboliza la llegada del mesías e hijo de dios al mundo, se haya convertido en una fiesta donde el consumismo, al cual contribuimos y del cual somos parte todos y que contradice en esencia lo que el cristianismo desea profesar, sea el principal motor de tal festividad a nivel mundial.

¡Que desdicha! Gracias al destino o a lo que fuere, no es este mi caso, gracias!

Mucho se dijo, se dice y se dirá respecto a la navidad, pero la opinión de los demás poco me importa, lo cierto es que se trata de una fecha muy melancólica para este pechito como ya lo decía e indignante en muchos de sus aspectos, pero sigue siendo especial eso ni dudarlo porque es la excusa perfecta para pasarla con las personas que más quiero y celebrar la vida, así es que feliz navidad pues a todos los lectores, pásenla como quieran pasarla (pero no hagan cosas que pueden joder tanto a personas tan quejumbrosas como jhony pacheco) pero nada hay más importante en estas fechas recordar que si se sale a las calles se voltee a cuidar las espaldas propias y evite que le roben, recordemos que la navidad no distingue ni razas ni oficios y todos buscaran de la manera que saben pasar una buena navidad, a cuidarse se ha dicho…


Hector R. Ccahua
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