Por Alexandra Mena
“mierda, hoy se que no es un día de fiar”…se dijo mientras levantaba sus brazos por encima de su cuerpo cubierto por aquel edredón negro que siempre silencio sus noches.
La mañana del 15 de febrero de hace muchos amaneceres se parecía tanto al que vivía que sin duda no tardo en recordarla; abrió los ojos y encontró a Daniel mirándola desde una esquina de la recamara con un cigarro en la mano. Su mirada era tan penetrante que parecía hacerle el amor en ese instante…sin duda fue un pensamiento excitante.
…Su mirada se poso directamente en el celular que traía su acompañante, le parecía ilógico traer un aparato tan controlador para una situación tan directamente peligrosa si bien no espasmódica a la cual su mente dirigía completa y estricta lucidez, temblando por dentro su ansiedad se hacia mas grande cada vez que un paso retumbaba en su tórax. Comienza el miedo y la adrenalina de solo pensar en la felicidad de acercarse a su preescrito comienzo, donde quizás el final se leía claramente en sus manos larguisimas.
…Ahí estaba… el cuerpo dilapidante y rígido volteado boca abajo como quien mira su cuna primaria; necesitaba aire, las emociones tomaban vilo, la soledad entre el cadáver y ella eran solo la distancia que repetía su mente; recordó el ultimo sollozo de la alegria pero sus recuerdos se volvieron confusos al reflejarse en el espejo contiguo a su amor… sentía su estructura ósea desfallecer corriendo rápidamente a ese ser que dejo de existir sabiendo que su cuerpo seria una vez mas posesa de la muerte… apretó el bisturí helado por el desuso y lentamente acaricio la piel verdosa, disfrutando cada momento, excitándose de manera escabrosa… el momento había llegado con cada pedacito de piel que podía cortar.
No necesitaba más que el silencio punzo cortante… “de pronto no hubo mas que rencor, movimiento indeseado y un grito que jamás pudo olvidar…”.
“Siempre estaré aquí...” susurró con cierta ironía.
Definitivamente era una mañana muy soleada, todo parecía en orden como cuando Daniel se levantaba mas temprano a hacer el desayuno, la diferencia yacía en la constante de silencio que seguía el pequeño zumbido de sus oídos cansados de escuchar las constantes peleas de esos vecinos provenientes de quien sabe que basural.
“mierda, hoy se que no es un día de fiar”…se dijo mientras levantaba sus brazos por encima de su cuerpo cubierto por aquel edredón negro que siempre silencio sus noches.
La mañana del 15 de febrero de hace muchos amaneceres se parecía tanto al que vivía que sin duda no tardo en recordarla; abrió los ojos y encontró a Daniel mirándola desde una esquina de la recamara con un cigarro en la mano. Su mirada era tan penetrante que parecía hacerle el amor en ese instante…sin duda fue un pensamiento excitante.
Prolongo su estadía en la cama unos minutos mas hasta que se dio cuenta que no tenía opción esa mañana, se levanto con la modorra pensándole el cuerpo y se dirigió completamente desnuda hacia su amante… “creo que es hora…”, fue su ultima palabra antes de entrar con paso fino hacia el baño donde tomo una ducha tibia; libre de perjuicios y desatino.
…Su mirada se poso directamente en el celular que traía su acompañante, le parecía ilógico traer un aparato tan controlador para una situación tan directamente peligrosa si bien no espasmódica a la cual su mente dirigía completa y estricta lucidez, temblando por dentro su ansiedad se hacia mas grande cada vez que un paso retumbaba en su tórax. Comienza el miedo y la adrenalina de solo pensar en la felicidad de acercarse a su preescrito comienzo, donde quizás el final se leía claramente en sus manos larguisimas.
…Ahí estaba… el cuerpo dilapidante y rígido volteado boca abajo como quien mira su cuna primaria; necesitaba aire, las emociones tomaban vilo, la soledad entre el cadáver y ella eran solo la distancia que repetía su mente; recordó el ultimo sollozo de la alegria pero sus recuerdos se volvieron confusos al reflejarse en el espejo contiguo a su amor… sentía su estructura ósea desfallecer corriendo rápidamente a ese ser que dejo de existir sabiendo que su cuerpo seria una vez mas posesa de la muerte… apretó el bisturí helado por el desuso y lentamente acaricio la piel verdosa, disfrutando cada momento, excitándose de manera escabrosa… el momento había llegado con cada pedacito de piel que podía cortar.
No necesitaba más que el silencio punzo cortante… “de pronto no hubo mas que rencor, movimiento indeseado y un grito que jamás pudo olvidar…”.
“Siempre estaré aquí...” susurró con cierta ironía.






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