La frase cliché de que en política (y más, en política peruana) todo es impredecible, indescifrable, incalculable, a mi entender y según los acontecimientos de los últimos 20 años de elecciones “democráticas” es una perfecta farsa. Es falaz. Y es falaz porque sí es predecible. La política peruana lo es. Y es predecible porque basta un poco de esfuerzo de imaginería y masoquismo perverso para diagramar el peor de los escenarios posibles para adivinar, predecir y calcular el rumbo que tomará la coyuntura política nacional si de elegir un gobierno se trata. Es decir, basta con que te imagines lo peor que le podría pasar al país para acertar con lo que pasará en un tiempo no muy lejano.
Esto es muy sencillo de comprender, no hace falta mucho análisis para asimilar tal verdad. La principal conclusión es que los peruanos, sujetos ilustre en el oficio de dispararse a los pies, poseen en el código genético el talento para joder las cosas más de lo que ya están y estirar su suerte hasta extremos inverosímiles. De otra manera no se entendería la actual situación en la que nos encontramos entrampados (lo que hace dos años atrás era el peor contexto electoral). De otra manera no estaríamos frente a una dualidad escalofriante, la de elegir entre la nefasta hija del presidente más corrupto de la historia republicana moderna del país (ella con toda la concha del mundo prefiere llamarlo el mejor presidente del Perú y basa sus lúcidas afirmaciones en encuestas realizada al brillante pueblo peruano) y el impresentable ex milico macerado en ideologías obsoletas (y que tan bien le hicieron al Perú históricamente) y que se orina en los pantalones cuando le preguntan si Venezuela es una dictadura o no (¿Venezuela una dictadura? Por favor!). Elegir entre estos dos personajes siniestros el futuro del país es, en definitiva, el peor panorama electoral que alguien haya podido soñar en una noche de indigestión.
(*Si los lectores gustan hay un perfecto – y profético – artículo que explica mejor, con datos y todo, las burradas cometidas por el pueblo peruano a través de la historia)
Porque nadie puede negar que los actuales dos candidatos para la segunda vuelta son los peores que uno haya podido escoger. Y que con cualquiera de los dos eventuales gobiernos el país que nos espera va a ser un país insufrible, (más) miserable y de mayores conflictos sociales. De la economía ni hablemos que esto no se trata de hacer llorar a nadie. Votar por una o por otro es condenarse (y condenable) al mismo fin. No intento sacar partido por ninguno de los dos candidatos. Los dos me parecen igual de despreciables, repudiables políticamente hablando. Si algún objetivo tiene este artículo es escupir la rabia y dar la media vuelta. Escupir la rabia porque nada cambiará luego de estas palabras, pero ilusamente quiero creer que algo mejor me sentiré mañana por la mañana al sacar de mí toda la frustración y rabia que me genera el vivir en este lugar.
Varias personas creen que criticar a un candidato es apoyar soterradamente al otro. Voy a tomar esto como una ligereza que defiende soterradas simpatías por determinado candidato porque de lo contrario significaría una estupidez mayúscula, dado el contexto. Votar por Keiko Fujimori es escupirle en la cara y patearle los huevos a la historia peruana, a la más reciente historia peruana, una historia llena de corrupción del más grueso calibre, atropello a los derechos humanos, la libertad de expresión, mendicidad a la gente más pobre y a una educación de corral. Algunas mentes preclaras mencionan que ella era demasiada joven cuando su infausto padre hacía todas esas atrocidades y que los hijos no deben pagar las culpas de los padres, muy sueltos de huesos. No hay que ser ingenuos y menos cojudos, pues. Keiko Fujimori se llena la boca afirmando que el gobierno de su padre fue el mejor gobierno de la historia del Perú y habla sobre la continuidad de las buenas obras, con lo cual no sólo minimiza las matanzas y ola de violencia que trajo consigo la corruptela de su desgraciado padre, sino que avala lo que se hizo (razón por la cual lo primero que hará al llegar al poder será liberar al asesino de su viejo, que no les quepa la menor duda), y pretende la resurrección de aquella dictadura funesta y una reproducción del régimen que devora libertades, compra y saquea conciencias (y unos cuantos miles de millones de dólares también), implanta sistemas de terror y nos condena a un estado de estupidez pura ya que no hay que olvidar que la educación peruana nunca fue más misérrima que en el gobierno del fujimorismo.
Porque Keiko Fujimori no tiene plan de gobierno y si lo tiene no quiere mostrarlo (o los medios de comunicación no lo quieren criticar como hacen con el respetabilísimo señor Ollanta, hermano de Antauro) y se vanagloria diciéndole a los pobres que volverán las mismas políticas sociales del régimen corrupto de su padre y que no es otra cosa que las mismas migajas de siempre que no acaban con la pobreza por supuesto, pero les tienen el estómago lleno, pobres miserables, a quienes entrenar para ser más pobres de lo que son con mendicidad de comedores populares y dispensas gratuitas del estado, sumada a una educación miserable, reforzada con psicosociales para que la gente se distraiga y mire por televisión con un pan en la mano cómo el diablo ha poseído a unas niñas selváticas. Claro, porque idiotizar a la gente es también parte del aquel discreto plan de gobierno, aquello mismo hizo el chino (chino, chino, chino) y me atrevo a pensar que muchos de los votantes más entusiastas del fujimorismo son resultado de esa estupidización masiva de la que fuimos víctimas. Sería cosa de investigarlo. Digámoslo de esta manera, votar por Keiko es acreditar la dictadura de su padre (quien maneja y manejará los hilos en su eventual gobierno, ¿lo dudas?), mancharse las manos de impunidad y ser cómplices del terrible derramamiento de sangre de gente inocente, así como el abierto apoyo a los criminales que estuvieron y secundaron al asesino Fujimori y sobre todo (lo más agravante, quizás) sentenciar al país a una educación que ayude a que los niños y jóvenes del Perú sean más zopencos de lo que son ahora y no les interese la política ni lo que pasa en el país.
Pero hay que ser justos: Keiko no se ha rodeado de todos los personajes que acompañaron a su padre en su dictadura, por lo que hay una posibilidad de que no haga lo mismo que su señor progenitor. Claro que no todas las figuras representativas del fujimorismo están a su lado, muchas de ellas están en la cárcel y claro que no hará lo mismo, ya aprendió qué no hacer, pero el precepto es claro, revivir el régimen fujimorista de irrespeto a los derechos humanos, la democracia, el derecho de los trabajadores, la libertad de opinión y la imposición del subdesarrollo no sólo económico sino también el mental que es mucho más grave. Porque estamos hablando de una mujer (probablemente la primera mujer presidente del país, ¡cuánta vergüenza para las criaturas femeninas!, si yo fuera mujer –además de no ser linda- me sentiría deshonrada en mi orgullo de verme representada por alguien tan indigna como la señora Fujimori, por alguien tan infame que no le da la talla a la historia –esto último es cuestionable – y jamás de los jamases votaría por aquella regordeta ordinaria que se jacta de ser mujer y madre y que cuando su madre denunció los maltratos a los que su padre, el malsano de su padre, la sometía, ella ¿qué hizo? se fue con él y le dio la espalda a la mujer que la parió. Tremenda mujer pues, Keiko Fujimori) que no tiene mayores pergaminos que estudiar con la plata que su padre desvalijó de las arcas públicas y ser congresista de la república, una congresista hasta el nabo, obviamente, porque quien nace para inepta, inepta se queda (en donde cobró una millonada de plata proveniente de nuestros impuestos porque miles de peruanos conspicuos votaron fervientemente por ella el año 2006 y aún hoy no aprenden),. ¿Y votar por alguien como ella? Alguien que no ha cumplido un rol, siquiera respetable, como representante de la población en el congreso. Sus mayores galardones son pues, sus escandalosas inasistencias (ella dice que son trabajos de representación) y sus proyectos de ley (sólo cinco leyes aprobadas en cinco años) todos ellos brillantes y que mejoran en mucho la convivencia nacional, claro está. Esta misma mujer que nos vendía el cuento (los peruanos somos idiota pero no tan idiotas) de que su padre no estaba ni enterado de las bribonadas de su tío Vladimiro Montesinos en diez años de gobierno y que el 5 de abril fue algo así como que el fin justifican los medios. Vota pues por Keiko y a ver si después asumes el peso de la historia en tus hombros. Ciertamente a uno la bilis le brota por el orto de tanto estiércol fujimorista.
Pero no se alarmen. Claro, está el otro candidato. El comandante Ollanta Humala, hijo del fachista, racista, poco seso Issac Humala y hermano del golpista, asesino y demente Antauro Humala. (En este punto hay que hacer notar que ambos candidatos que el esclarecido pueblo peruano escogió en más del 50% tienen a sus familiares más próximos encarcelados por delitos flagrantes, ¡viva el Perú carajo!). Humala pues, queridos conciudadanos, es la alternativa, el diferente, el que tiene las manos limpias de corrupción (si las tiene limpias de sangre es cuestionable, él dice que ya lo absolvieron, créele si quieres), quien nos librará del gobierno de la inefable Fujimori, es quien representa el cambio, no sólo de la clase política tradicional, sino también del sistema económico, ese sistema económico envilecido y segregador y que atenta contra la unidad, solidaridad y la justicia social. Como si esto ya no lo hubiéramos escuchado y experimentado antes. Muchos dicen que próximo 5 de junio fatídico irán a votan con memoria, enterados por la historia reciente del país la debacle que significó la dictadura pasada (lo que se supone una crítica a Keiko y lo es), sin embargo estos mismos ilustres peruanos se olvidan que la historia también registra gobiernos que prometieron un cambio en el sistema y el armatoste capitalista abusivo, y claro que lo lograron. Los gobiernos de tendencia “rogelia” lograron un cambio, un cambio tan lejos de lo positivo que cuando el país empieza a tener eso que se llama desarrollo (eso que sólo conocemos por libros) las reformas de lo más benefactoras que representaban el cambio tan soñado por muchos, echaban por tierra tal precario avance, no sólo en los temas económicos sino también en temas democráticos (nuestra siempre modesta democracia). Y aunque quien escribe no es abiertamente contrario a la izquierda, siente algo así como una nausea pavorosa ver que el señor Humala representa las ideas de esa izquierda tan venida a menos desde hace buen par de décadas. Que la izquierda trance con un personaje tan inepto, ínfimo, tan menor y a la vez pernicioso como Ollanta Humala, es digno de repudiar. Esa misma izquierda arcaica y que no ha sido capaz de acomodarse a la modernidad, ahora ha decidido apoyar a rajatabla a un ex militar izquierdista (como si no existiera peor combinación), fanático enamorado del General Velasco – otro ilustre dictador, militar y de izquierda - (a ver si quienes van a honrar la memoria votando por Keiko, se quieren enterar que votar por Humala es deshonrarla de igual forma).
Pero no nos enfrasquemos sólo en eso. Total, la izquierda no es el demonio (¿o sí?). Recurramos a la lógica (don con el que Dios no dotó a los peruanos). Los medios agarran a martillazo limpio a tu candidato Humala machacándole los supuestos vínculos que tiene con el megalómano Hugo Chávez (él sí es el demonio). Sospechan que su campaña está financiada con el dinero despreciable de aquel espécimen de inteligencia subnormal y que llegado el momento, Humala sólo será una marioneta más dentro del gran plan bolivariano del señor petrolero venezolano, y se le pregunte a calzón quitao al candidato del gran cambio que qué opina del gobierno de Hugo Chávez o más frontalmente si se trata o no de una dictadura. Y ¿qué responde aquel quien agita la bandera de la honestidad como lema? Huevada y media. O cosas como que son cuestiones que al Perú no le conciernen. A ver, a ver, al margen de que muchos de los medios son simples extensiones de los grupos de poder que se mean porque Humala sea el presidente, no parece más lógico acaso que el comandante sea determinante en su declaración respecto a la dictadura que existe en Venezuela (porque lo es) y diga, en efecto señores periodistas, Venezuela vive una dictadura y nosotros desaprobamos todas las dictaduras y ¿asunto arreglado? A menos que (siendo igual de lógicos) no se denuncie tal autocracia porque existen nexos convenientes que lo pondrían en serios aprietos cuando haya que recibir el apoyo logístico-técnico-monetario del país vecino. Entonces tenemos dos alternativas: o es un reverendo huevón y no teniendo nexos con Hugo Chávez se niega a aceptar una dictadura en Venezuela o es un ser sumamente cuidadoso con la mano que le da de comer y rehúye las preguntas de la prensa con no mucha pericia. Ya tú ve, pues.
Y como si esto no fuera suficiente tales supersticiones ideológicas traen consigo las propuestas de estatizaciones, control de medios de comunicación, revisión de tratados económicos internacionales y “un estado fuerte”, basado en su idea primigenia y básica: el cambio de la actual constitución. O sea, que se proponga cambiar la constitución y esté dentro del plan de gobierno, puede ser, es tolerable, pero que menciones que el cambio de la constitución es elemento indispensable para llevar a cabo las demás propuestas que contenga dicho plan y encima sin contar con una mayoría en el congreso, es (además de una locura) un evidente acto de absolutismo. Es decir, si el congreso no aprueba mi propuesta de cambio de constitución, y yo requiero de un cambio para llevar a cabo mi plan de gobierno, desconozco la legitimidad del congreso e impongo tal cambio de constitución ya que no habrían otros medios constitucionales por los que se pudiera lograr tal cosa. Lo que suena como un trabalenguas es sencillamente una muestra de autoritarismo desde antes de iniciar las lides, cambio de constitución sí o sí y sea como sea.
Lo que encontramos en Humala es, como en toda la ideología izquierdista, buenas intenciones, prometedores lineamientos políticos que beneficiaran a la población más necesitada e impondrá medidas justas para las transnacionales, los capitales extranjeros y los grandes empresarios nacionales que se hacen ricos en desmedro de los trabajadores y la fuerza activa del proletariado y bla bla bla, pero que en la realidad sólo han logrado sendos fracasos como gobiernos, ¿ejemplos? Mira Venezuela o Cuba. La igualdad que se ha logrado ha sido que todos tengan el mismo nivel de miseria, si se desea esa equidad, votemos por Humala entonces. Muchos podrían decir que en la región ha habido gobiernos de izquierda exitosos (Brasil y Chile básicamente) pero es hasta ofensivo que se comparen esos gobiernos de izquierda progresista con las propuestas de estatización (nacionalización de las empresas le llama él), control sobre los medios de comunicación, creación de un ente externo al poder judicial que juzgue a los jueces y un cambio en el sistema económico que atente contra el libre mercado. Porque nadie niega que el Estado pueda asumir un papel empresarial (muchos países del mundo tienen políticas estatistas – ojo, no sólo políticas estatistas – y les va bien) pero si se pretende quebrantar la economía del libre mercado y hacer, a lo Velasco, que la única opción sea los servicios que ofrece el Estado, eso sí vulnera la estabilidad económica que en estos días le trae cierto desarrollo al país. Y ya sabemos que Humala tiene un poster de Velasco calato en su cuarto.
Por último y para evitar más enojos redundantes, votar por alguien que despierte tantas dudas respecto a su pasado militar (¿votar por un militar? No jodan pues), de ideología izquierdista recalcitrante y obtusa, proveniente de una familia abyecta y racista, de nexos evidentes con un dictador que pretende ejercer un dominio regional, de antecedentes tan antidemocráticos como el apoyo “de la acción política” que significó el Andahuaylazo y con propuestas que le harán más daño que bien al país, es igual de execrable que hacerlo por la hija del mayor corruptor de la nación, congresista inepta, incapaz e irresponsable, quien carece de ideas precisas para gobernar un país y sólo reproduce mecánicamente las ideas del régimen de su homicida padre y representante de esa lacra llamada fujimorismo que no sólo acabó con el terrorismo mediante el contraterrorismo, sino que saqueó al país y lo dejó en eterno desangramiento, de esa cultura de cadáveres amontonados y decadencia moral de la cual es heredera (por ello su vocero oficial dice sin siquiera sonrojarse: “nosotros matamos menos”, que tal concha, carajo). Ve y vota pues, que lo misma da mancharse las manos con Ollanta que con Keiko.
Por ello (y aunque sea innecesario decirlo) votaré viciado. Votaré viciado (y no digo que sea un voto responsable o decente) porque considero que votar por alguno de los dos candidatos es ensuciarse las manos de igual forma. Porque es mi derecho democrático votar en blanco o viciado y así afirmar mi protesta anónima frente a esos dos candidatos que no sólo no me representan, sino que representan la desestabilidad económica, la sombra de un gobierno totalitario y abusivo y un marcado irrespeto por la libertad y los derechos humanos. Porque aunque se critique la actitud del voto viciado quiero dejar en constancia que cuando toque salir a las calles a protestar por las cagadas hechas por una u otro candidato en unos cuantos años, no me tenga que avergonzar de haber sido abiertamente humalista o fujimorista hasta el tuétano. (Muy probablemente saldremos a la calle teniendo al lado a amigos entrañables que se vieron “obligados” a votar por alguien que no los convencía y que aún así les dieron su voto. Quienes votaron por PPK por supuesto reniegan y renegarán, pero ellos no saldrán a las calles, nunca salen, eso está claro). Porque al votar por alguno de los dos candidatos de pacotilla que tenemos nos espera un mismo destino: un país de libertades condicionadas. Por lo demás, lo que queda claro es que bajo esta coyuntura los peruanos no sólo no honramos nuestra historia sino que nos cagamos en ella.





1 comentarios:
Tu blog está excelente, me encantar un saludo
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