Por Joel Cáceres
Era de soledad sombría
y sobrehumana
pero de sobriedad muy humana
muy corriente
era como si anocheciera
como si hubiera sufrido treinta y tantos pesares
era su almita de mojigata
de rufiana
el cubo ventral de su catatónico desequilibrio
los años que aún padece
su daño
como una grieta
como una afrenta
que tristitia
esta habitación en el cielo
como una iluminaria transparente
su cuerpo lozana sibilino
el sexo caliente expectante impaciente
adentro-afuera
como la vida
como la muerte
como este transito infinito
en busca de su halito
como un bultito como un besito
abajo-arriba
como el color olor
del néctar de su cuello
de sus senos muñequitas del tesoro
para arar y arar la tierra
para lamer y lamer su espejo
que hizo- apuñalo-me adentro
en su soledad y el pedacito de marfil que me mira
achinado, asustadillo
su palpito atávico mediático
pronuncio su olor a arboles de invierno
como un perro desesperado
como apresurado
alimentando su desequilibrio de cánticos vespertinos
la sostengo por sobre sus (mis) miserias
y hago así
como queriendo doblegar su almita de mojigata
dentro de los escombros
de sus carencias masculinas
para huir
y andar y huir y huir en voz alta
para que termine la vida
la espuma la mirada y las metáforas
el encuentro de dos sueños sucesivos
y desaparecer dentro de ella
de su orfandad desvestida
de su quebranto desolado y ancestral
bajo la calma de su desesperanza





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